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12/6/13

Salir del euro o una política macroeconómica europea


Julio Anguita, dirigente carismático de Izquierda Unida, junto a significadas personas del Frente Cívico, encabeza un manifiesto para Salir del euro: Por la recuperación de la soberanía económica, monetaria y ciudadana. En las Jornadas del Diálogo de Baztan tratamos este tema candente y, en la ponencia presentada por Gustavo Búster, nos planteamos la hipótesis de que la crisis económica europea e internacional no podía solventarse desde posiciones políticas y económicas, por lo tanto monetarias, desde un solo Estado. A la política macroeconómica europea neoliberal hay que presentarle otra política también de rango europeo con una óptica social.
Este debate lo proseguiremos en la Mesa Crisis y perspectivade la izquierda del 20º Congreso del POR (5 de julio, a 18,00 h, en la Nave Ivanow, Barcelona).
Adjunto un artículo publicado en Sin Permiso sobre el euro.
Por Michael R. Krätke. 26/05/13
Uno de cada dos alemanes desearía regresar al marco, mientras que en los países europeos meridionales –como Portugal y España— una mayoría quiere dar la espalda a la UE. Mejor hoy que mañana. De derecha a izquierda, desde los nacionalistas del emplazamiento territorial competitivo de la Alternativa para Alemania [AfD, por sus siglas en alemán], el antiguo senador de finanzas berlinés Thilo Sarrazin y el economista Heiner Flasbeck, hasta Oskar Lafontaine y Sarah Wagenknecht: de tal amplitud es el frente único de los partidarios de salir del euro. A Grecia, a España, a Portugal, a Italia incluso: desde el estallido de la eurocrisis a comienzos de 2011, a todos se les habría enseñado la puerta. Ahora se acumulan las voces que abogan por una Alemania sin euro o aun por una "disolución ordenada" de la moneda común. Ni que decir tiene: el malhadado rescate de Chipre ha sido la gota que ha colmado el vaso.
Ilusiones fatales
La frustración nacida de la estulticia de la Troika en la gestión de la crisis está tan justificada como la crítica de los errores de diseño en la construcción de la Unión Monetaria. Pero un regreso al parapeto atrincherado de las monedas nacionales no ofrece solución ninguna. Nadie debería sucumbir a la ilusión fatal de que eso permitiría poner freno a la política económica y financiera neoliberal. Al contrario. Mientras esté en vigor el Tratado de Lisboa suscrito en 2007, seguirá el baile. El error intelectual cardinal en la gestión de la crisis del euro consiste en confundir la Unión Monetaria con un recinto habilitado para la actividad económica mundialmente competitiva. Pero la disolución del euro no alteraría eso para nada. Ni pondría fin a los gravosos desequilibrios económicos entre el Norte y el Sur de la UE. Que una competición devaluatoria sacaría de la miseria a los países en crisis, es cosa que sólo los ilusos pueden llegar a creer. Los Estados golpeados no se sustraerían a la crisis, y lo poco que de ella pudieran ahorrase, no sería desde luego a cuenta de la devaluación monetaria. De los shocks monetarios que seguirían a la desintegración del euro sólo se alegrarían los especuladores internacionales de divisas. Los gobiernos que devaluaran su moneda un 20%, un 30% o más, tendrían que atenerse sin demasiadas sorpresas a las reacciones de los mercados financieros. Quien devalúa, es castigado con intereses y primas de riesgo más elevados. Eso debería tenerse ya por bien sabido desde la prehistoria del euro. Los países en crisis de la Eurozona, además, no se han endeudado en la propia moneda. Puesto que los patrimonios y las deudas exteriores de sus ciudadanos están denominados en euros, la devaluación no puede sino provocarles pérdidas: significa cerrar cualquier vía de escape a su actual situación de servidumbre por deuda.
El espectáculo más estupefaciente de este debate sobre la salida del euro lo ofrecen los críticos de izquierda de la gestión política hecha hasta ahora de la crisis del euro cuando se suben al carro de la "competitividad". Para los nacionalistas del emplazamiento territorial competitivo esto es lo más normal del mundo: creen en el mantra de una competitividad que depende supuestamente sólo de los costes salariales. Desgraciadamente, otros se tragan también la fabula, según la cual la fortaleza exportadora de Alemania sería indiscutiblemente (y absurdamente) atribuible a la pérdida de salario real. Conforme a eso, la culpa de las debilidades de los países en crisis la tendría un crecimiento demasiado fuerte del salario real. Puesto que los fanáticos de la austeridad cometen el mismo error intelectual, abogan por doquiera a favor de falsas reformas de estructuras: en nombre de la competividad. 
Quien, empero, aguce un poco la mirada, observará esto: en ninguna parte del mundo occidental dependen del comercio exterior tantos puestos de trabajo como en Alemania; y sin embargo, las industrias y las empresas exportadoras alemanas raramente pagan salarios bajos. Por lo general, los ingresos reales de su personal han aumentado, en vivo contraste con lo ocurrido en la evolución del promedio salarial alemán. El caso es que los exportadores alemanes tienen costes salariales por unidad producida claramente inferiores a los de sus competidores en la Eurozona. Eso es todo. Aquí se refleja la ansiada ganancia de productividad, que no se consigue precisamente con presión salarial a la baja o con salarios bajos.
Desde luego que la construcción de la Unión Monetaria adolece de errores de diseño, pero no de los errores de que parlotean los aspirantes a salir de ella. Disparidades económicas y diferencias estructurales hay en cualquier espacio monetario. Incluso en países pequeños como Holanda o Bélgica pueden observarse notables diferencias regionales. De eso no se sigue que cada provincia deba tener su propia moneda; el espacio monetario homogéneo óptimo sólo existe en los modelos económicos neoclásicos.
Recaída en la dispersión de pequeños Estados
También un país como Alemania tiene que lidiar desde hace décadas con distintos criterios económicos en distintas partes del país, lo que se equilibra con una compensación financiera intraalemana, una especie de solidaridad estatalmente organizada entre autonomías y regiones. Esa solidaridad falta en la Unión Monetaria, lo que, desde la erupción de la eurocrisis, viene corrigiéndose de modo unilateral: merced a la hegemonía alemana, toda Eurolandia ha sido metida en la camisa de fuerza de una unión de austeridad: pacto fiscal más pacto de competitividad. Hay, pues, una política económica y monetaria común: desgraciadamente, de todo punto falsa. En el camino de la política acertada, por la que abogan incluso expertos económicos alemanes, se atraviesan el miedo a la deuda y el miedo a la inflación, y naufraga por causa del egoísmo nacional. Y los alemanes, que son quienes más han podido hasta ahora beneficiarse del euro, carecen de razones para negarse a una comunidad de responsabilidades (eurobonos, o una unión de transferencias). Desde luego que un cambio de rumbo le costaría algo a la República Federal de Alemania, pero manifiestamente menos que una recaída en una dispersión de pequeños Estados promovida y dominada por el marco alemán.
Una Alemania sin el euro tendría que contar con graves quebrantos económicos. No bien de regreso el marco, los mercados de divisas lo reevaluarían, y no precisamente poco (véase más arriba). Ni siquiera la Bundesbank se alegraría demasiado con el poder recobrado. La salida del euro le echaría a perder los balances, pues habría perdido el grueso de la deuda activa que ella misma, el Estado alemán y la banca y las empresas privadas alemanas tienen en la zona euro exterior. De modo que, saliendo del euro, habrían logrado lo que precisamente se quiere evitar: una deuda pública harto mayor –de proporciones italianas o aun griegas— en la patria de los histéricos de la deuda…
Supongamos que Alemania regresara al marco y abandonara la Eurozona el próximo 1 de enero de 2014. ¿Qué pasaría entonces?
Un marco de regreso experimentaría fuertes presiones alcistas frente a los Estados que se mantuvieran en el euro o aun frente a otros que recuperaran sus monedas nacionales. El alza del marco se situaría entre el 20% y el 30%. Eso dañaría enormemente a las exportaciones alemanas: sería el final del milagro exportador. Deberían caer o los salarios o el grueso de las empresas exportadoras. En cualquier caso, el mercado laboral y la coyuntura económica interna resultarían gravemente dañadas.
La Bundesbank estaría sometida a una enorme presión, tendría que acumular pérdidas y no podría seguir contribuyendo al presupuesto federal. Al gobierno federal le quedarían dos opciones: o valorizar las reservas alemanas de oro, lo que resulta arriesgado a la vista de las fluctuaciones de precios del oro; o vincular el capital de laBundesbank con las reservas federales. En cualquier caso, la deuda pública crecería, y no tardaría en rebasar el 100% del PIB.
La precaria situación económica de los Estados de la UE llevó a una situación en la que las exportaciones alemanas tenían que pagarse muchas veces con créditos alemanes. La deuda activa exigible por la Bundesbank, resultante del sistema Target-2, tenía el 30 de abril de 2013 un monto de 607,0 mil millones de euros: cerca de dos presupuestos federales. Si Alemania abandonara la Unión Monetaria, buena parte de ese dinero se perdería. A fin de cuentas, el euro caería drásticamente en relación con el nuevo marco alemán, lo que tendría también consecuencias para las deudas de muchos socios de la UE.
Huelga decir que los bancos privados no se sustraerían al pánico bancario: no sólo tendrían que lidiar con depreciaciones y quitas de deuda, sino que perderían de la noche a la mañana su credibilidad. La Bundesbank no podría seguir ayudándoles, lo que quiere decir que los depositantes se verían afectados: el pánico bancario sería ineluctable; el sálvese quien pueda. Lo que estaría amenazado serían ahorros y seguros de vida por valor de 3,2 billones de euros: en cualquier caso, un marco más caro les haría perder valor.
Michael R. Krätke, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor de política económica y derecho fiscal en la Universidad de Ámsterdam, investigador asociado al Instituto Internacional de Historia Social de esa misma ciudad y catedrático de economía política y director del Instituto de Estudios Superiores de la Universidad de Lancaster en el Reino Unido. Traducción para www.sinpermiso.info: Amaranta Süss. De sinpermiso.





17/5/13

Blesa de Bankia en la cárcel


Miguel Blesa en el trullo inaugura una nueva etapa en la crisis de la Banca y de las finanzas españolas.
Caja Madrid y Bankia están arrastrando en su caída en un pozo sin fondo a cientos de miles del tejido social con ahorros de las clases medias madrileñas, a la credibilidad del Estado español, ahora afecta a los grandes capitales y a sus mandados del poder político gubernamental y del Banco de España. El "Botín" de Bankia va a dar mucho que hablar. La nueva normativa bancaria del gobierno PP abre las carnes en los grandes negocios financieros, con lo cual el estamento de los poderes financieros van a poner muy mala cara a la inutilidad de las medidas de Rajoy. La crisis va a golpear alto, también.
Ya pueden poner sus barbas a remojar los Rodríguez Rato (sucesor de Blesa en Bankia), Miguel Ángel Ordoñez, Gobernador del Banco de España que miró a otro lado de lo que trapicheaba el hombre financiero de Aznar.
Irregularidades financieras y fraude están sobre el tapete en el aspecto judicial. Las consecuencias financieras y políticas son mucho más terribles. En el banquillo pueden llegar los máximos responsables de la política económica y financiera de la Comunidad de Madrid y del gobierno del Estado.
España entera es víctima de los dueños de las finanzas y del gobierno del PP de Rajoy. Quienes rodean al Congreso y los quincemayistas tienen razón en la necesidad de liberarse de este Poder corrupto, ineficaz y nocivo.

17/4/13

¿Reforma de la Constitución o proceso constituyente?


Reforma de la Constitución monárquica o ruptura democrática soberana ciudadana con un proceso constituyente que incorpore el factor social y el nacional. ¿Se puede confiar aún en la reforma de una Constitución que incluye el sistema electoral bipartidista, se aviene como un guante a las políticas neoliberales contra la base social trabajadora, y niega la libertad soberana de decidir separarse o mantenerse unidos a los pueblos? En la Carta de La Aurora se plantea ese dilema tan actual. La perspectiva está en un proceso de procesos desde cada pueblo nación y municipio. La alternativa se alumbra republicana, con procesos constituyentes soberanos español, catalán, vasco y gallego. Una Repúblicas libres y sociales, libremente relacionadas según la decisión de cada pueblo.
¿Reforma de la Constitución o proceso constituyente? Mientras se profundiza la larga crisis económica y social, a golpe de las políticas de austeridad neoliberales, y las instituciones de la Constitución de 1978 (estado de medioestar, autonomías, monarquía) se agrietan ostentosamente, comienzan a perfilarse dos salidas muy distintas. Por un lado, sectores de la derecha y del PSOE rubalcabista proponen una reforma de la Constitución, que la modernice y la vuelva a conferir cierta legitimidad. Por otro, desde los movimientos sociales se plantea la necesidad de procesos constituyentes, que permitan a la gente ejercer su derecho a decidir, y darse un nuevo marcopolítico capaz de abordar desde sus intereses, y no del actual sistema oligárquico, las políticas necesarias para salir de la crisis capitalista.
La aparición pública del debate, que recuerda tanto al de “reforma o ruptura” al final del franquismo, es una señal más de la gravedad de la crisis de la Segunda Restauración Borbónica. Los actos y manifestaciones de este 14 de abril, en los que han participado decenas de miles de personas, son otra.
La aparición del debate tiene también que ver con estrategias y tácticas ante la situación. Para poder llevar a cabo una reforma controlada de la Constitución de 1978, el PP y el PSOE necesitan tener 2/3 de los escaños, una mayoría cualificada. Pero las encuestas señalan que los dos partidos juntos ya no obtendrían el 50% de los votos y que el escenario electoral en 2015, aunque no pueda aun abrir un nuevo proceso constituyente, hará imposible el normal funcionamiento del bipartidismo. A este problemático escenario hay que añadir la crisis larvada en el PSOE, que puede descabalgar a la deslegitimada dirección socio-liberal de Rubalcaba. La prueba, y el probable catalizador de la situación serán las elecciones europeas de 2014, seguidas de las municipales y autonómicas. En este contexto hay que situar también la convocatoria soberanista en Catalunya. Este escenario hace más urgente que nunca construir una alternativa política unitaria y realista que, desde la resistencia al neoliberalismo, apunte abiertamente a la necesidad de un nuevo proceso constituyente. Esta es la tarea fundamental de la izquierda. 16 de abril de 2013.
41 Congreso de UGT. Se ha celebrado el 41 Congreso de UGT. Comienza el giro a la izquierda para adaptar al sindicato a la nueva fase de resistencia contra las políticas neoliberales. Se reafirman las señas de identidad republicanas y socialistas y la unidad de acción con CC OO. Se abre la perspectiva de una amplia movilización ciudadana. Pero la falta de alternativa política de izquierdas, y el claro distanciamiento con el PSOE de Rubalcaba, encierra la acción sindical en un cierto “economicismo”, que solo se puede superar con el compromiso de UGT de contribuir a construir la nueva alternativa política de la izquierda.

10/4/13

Emergencia en la situación catalana


Estamos en una situación "grave y excepcional" "de emergencia y supervivencia", "lo que está en juego no es el gobierno, lo que está en juego es el país". Así resumió el presidente Artur Mas de CiU los tres meses de gobierno en que se ha desvanecido la iniciativa política surgida de las elecciones, con el pacto entre CiU y ERC para la transición nacional, la Declaración de soberanía del Parlamento y la decisión de hacer la Consulta tabú sobre Cataluña.
Mas fracasó con el gobierno de CiU que sucedió a la quiebra de la experiencia gubernamental de las izquierdas tripartitas. CiU y Mas no han superado los 100 días de un gobierno castigado en las urnas, que ve cada día que pasa como se erosiona su base social, fruto de ser golpeada por los recortes. El vértigo político les enturbia el entendimiento. Los cementos convergentes sufren de aluminosis. La petición de CiU hacia ERC y PSC para un gobierno de concentración cae en tierra yerma. La cumbre anticorrupción ha sido un fantasma sin credibilidad, pues lo impulsan y apadrinan los compañeros de recortes y negocios de próceres como Millet y ahora Oriol Pujol.
La crisis económica, la corrupción, el déficit fiscal con la tenaza de la Deuda, los presupuestos de la Generalitat, la política de recortes que genera menos industria y más miseria, la negociación con el gobierno del Estado, la realización de la consulta, las mareas. Estas son las claves de la pesadilla y las nubes negras que alertan de la grave tempestad.
Los objetivos que el presidente presentó buscando la colaboración de ERC y PSC, se pueden concentrar en dos:
a) hacer la consulta para decidir sobre Cataluña; según la ciudadanía movilizada el 11 de septiembre, en el imaginario popular dice "independencia, nuevo Estado de Europa". Para la consulta se pueden hacer las negociaciones adecuadas con el gobierno del estado sobre legalidades, legitimidades y soberanías, pero que sea la ciudadanía quien decida y se convierta el resultado en vinculante;
b) decidir sobre las políticas económicas y presupuestos. Conviene decir sobre alternativas a los recortes, a la corrupción, a la fiscalidad respecto al Estado y a las grandes fortunas y finanzas catalanas, los servicios y derechos públicos.
Para conseguirlo es necesario movilizar las conciencias y la sociedad desde cada lugar y sector social del territorio. O hay un Acuerdo (Entesa) de confluencia entre las mareas, entidades, sindicatos, partidos, o el Parlamento y las negociaciones quedan flotando sin la fuerza necesaria para lograr las necesidades populares.

5/4/13

Legalidad y legitimidad


La legitimidad es la fuente y el fondo de la legalidad. La legitimidad en el caso de los pueblos y las naciones surge de la soberanía popular ciudadana como conciencia activa movilizada, en un territorio, un ámbito económico, una cultura y una lengua concreta, en un período histórico preciso.
Un pueblo está conformado por clases y segmentos sociales, cada uno con sus necesidades e intereses diferentes y en la mayoría de aspectos contradictorios y confrontados. La cohesión social puede ser y conviene entre segmentos sociales iguales o similares, pero es muy difícil entre la pequeña pero poderosa componente social explotadora y la amplia parte explotada. Entre los pueblos y las naciones las relaciones no son de igualdad, sino de diferentes grados de dominación y supeditación. Los Estados forman la superestructura política institucional de estas relaciones sociales y de poder. Sea entre Estados uninacionales, o dentro Estados plurinacionales u otras fórmulas que la historia de la vida nos muestra, siempre dispuesta a provocar o subvertir los esquemas grises de doctrinarios pobres de espíritu.
Cuando la legalidad se estanca y pervierte la legitimidad es un freno para la vida de las sociedades y el avance de los pueblos. La legalidad se convierte en el dique o en el inquisidor de uno o varios segmentos sociales para hacer prevalecer su posición económica y política contra todos los demás.
Entonces, la vida y el devenir social debe abrirse paso como los fluidos, el agua de un río o el aire en la naturaleza. Lo que hace falta es bordear el obstáculo, disolverlo, destruirlo, en fin superarlo haciendo un nuevo camino. Una nueva legitimidad creada por una nueva situación exige el cambio, subvertir la legalidad anquilosada, revolucionar esquemas y poder. Es la hora de las alternativas. Y cuando no hay alternativa la legalidad va descomponiendo y destruyendo expectativas y condiciones materiales.
El tándem crisis económica (recortes y retroceso generalizado) y consulta para decidir claman para abrir paso a una nueva situación.
La Consulta dentro de la legalidad vigente no puede ser vinculante, por lo tanto efectiva. Por la sencilla razón de que no la permite y lo excluye la Constitución española de 1978, ni la acepta el PP y el gobierno del Estado, ni el PSOE.
Un pacto desde Cataluña con el gobierno español en torno a la Consulta y una flexibilización del Déficit, tampoco será legal si incluye que la consulta sea vinculante según la voluntad ciudadana popular.
Los mensajes sobre legalidad y pactos con el gobierno estatal del PP para la Consulta son fuegos de artificio, más cerca de un espejismo, que puede ser bien grave si desemboca en desencanto y fomento de la antipolítica. Es palpable que la independencia gana adeptos mientras el tiempo pasa en negociaciones de salón, en vez de aprovechar para fomentar movilización cívica y alianzas entre federalistas, autonomistas, soberanistas e independentistas.
Una Entesa (Acuerdo) social, cívica y política trabajadora y popular catalana, no puede ser sustituida por un gobierno de concentración con CiU. El deslizamiento de CiU y Mas hacia la Consulta no debe hacer perder de vista que el objetivo fundamental de CiU y los poderes catalanes es recortes y flexibilidad en el déficit autonómico, con un Pacto Fiscal tácito o explícito entre la Generalidad de Cataluña y el Gobierno del Estado español.
Las mareas nos muestras el camino de Rebeldía, Insumisión y Alternativa. El programa para la realización de la Consulta, debe ser que el resultado sea vinculante, con una pregunta clara, que abra un proceso constituyente que permita poner medidas para detener los recortes, una Fiscalidad que haga contribuir a las grandes empresas, Bancos y grandes fortunas, que los Bancos asuman las quiebras financieras de Bancos y Cajas, que las Cajas retornen a la territorialidad y se conviertan en los instrumentos financieros públicos.