16/9/13

11-S 2013, un punto de no retorno · SinPermiso/2


La Via Catalana, una movilización popular y transversal · 2
David Companyon. SinPermiso. 15/09/13. Si la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut sacó a la calle el 10 de julio de 2010 a centenares de miles de ciudadanos bajo el lema “Som una nació, nosaltres decidim” (Somos una nación, nosotros decidimos) e hizo girar el “centro de gravedad” del catalanismo desde el pacto (el Estatut de 2006) hacia el derecho a decidir;  si la manifestación inmensa de hace un año marcó un punto de inflexión con Independencia y hacia el Estado propio, la manifestación del 2013 –más numerosa aún que la de 2012- marca un punto de no retorno. Para una sociedad en la que más del 80% quiere una consulta, ésta no tiene precio. El tiempo del “peix al cove” (negocia y saca lo que puedas), que caracterizó la política catalana en los años del pujolismo, hace años que caducó.
Si el Presidente Zapatero pasará a la historia por no reconocer y negar obstinadamente la crisis, hasta que la crisis y la troika le cayeron encima, Rajoy sigue empecinado en buscar circunloquios para negar la consulta y negar la realidad que expresó esta Diada. Las primeras declaraciones, en boca del ministro del interior Fernández Díaz, fueron para negar la magnitud de la movilización, a pesar del eco que ha tenido internacionalmente, y recuperar el manido mantra franquista de la “mayoría silenciosa”.
Nadie puede negar que la “Via Catalana cap a la independencia”, convocada por la Assemblea  Nacional Catalana (ANC) fue un éxito total. Centenares y centenares de miles de personas, posiblemente más del 1.600.000 que se ha dado como cifra oficial, llenaron los 480 kilómetros que enlazaron El Pertús, en la comarca del Vallespir (la Catalunya francesa), hasta Vinarós, en el País Valencià. Una cadena humana jalonada de multitudinarias concentraciones en Barcelona, Girona, Figueres, Reus, Amposta, Tarragona, Mataró… 400.000 personas dieron nombre, DNI y dijeron en que tramo de la La Via Catalana participarían, el resto se sumó ese mismo día y la Via Catalana se podía haber llenado tres veces.
Nadie, ni las referencias a la mayoría silenciosa, puede ocultar que se trata de un movimiento fuerte, participativo y con un objetivo claro: el derecho a decidir y la independencia de Catalunya. Se puede estar a favor o en contra, se pueden buscar las explicaciones que se quieran, pero las cosas son así. 
Naturalmente que la composición era muy heterogénea, pero básicamente formada por la clases populares. La fuerza de la movilización obligó a todo el mundo a pronunciarse y percibían que si la Via Catalana fracasaba en su intento de unir los 480 kilómetros (por poco que fuera), la lectura que se haría sería la del fracaso del derecho a decidir.
Se convocaron diversos actos complementarios para entrelazar las reivindicaciones nacionales con las reivindicaciones por los derechos sociales y contra los recortes, como “Encerclem la Caixa” por parte de Procés Constituent; los sindicatos CCOO y UGT y la Plataforma “Prou Retallades” (Basta de recortes) convocaron un ramal de la cadena que empezaba en la sede de la patronal; la FAVB llamó también a la acción dando apoyo a la cadena y a otras expresiones de movilización. A lo largo de toda la Via Catalana, junto a la estelada (la senyera independentista) mucha gente fue con las camisetas de SOS Educació, de la PAH, contra los recortes. Fueron muchos los que participaron para que Catalunya decida y los catalanes puedan decidir sobre todo: para que no recorten las pensiones, para que haya trabajo, para que no se privatice la sanidad...
No cabe duda que si la movilización no hubiese sido marcadamente independentista se hubiese sumado mucha más gente favorable a la consulta, pero no a la independencia. Si la ANC hubiese hecho de puente entre todos los partidarios del derecho a la autodeterminación la movilización no tendría adjetivos, pero el independentismo (superior al 40% de la población, hasta un 52 % según la SER) está muy movilizado, mientras que aquellos que propugnan una vía federalista o confederal (alrededor del 30%) están desmovilizados ante la cruda realidad de que “no hay nadie con quien federarse”. En España, el PSOE no reconoce el derecho a decidir. Sólo Izquierda Unida lo apoya, pero su capacidad de influencia todavía no es suficiente como para generar una alternativa creíble, que pasa por reconocer la capacidad soberana de Catalunya para realizar la consulta.
Tampoco parece realista pedirle a esa mayoría del 70-80% de catalanes partidarios del derecho a decidir que se esperen a que se proclame una República Española para entonces ejercer el derecho de autodeterminación. La reivindicación catalana tiene un ritmo y una movilización muy superiores a la que en España se da a favor de una salida republicana a la crisis (social, económica, nacional) del régimen de la segunda restauración borbónica. Más bien se intuye que la reivindicación de los derechos democráticos de Catalunya son el mayor acelerador de esa crisis.
La manera de expresar esta opción es también muy precisa: que el pueblo decida. Así de sencillo. Así de democrático. El sujeto político debe ser el conjunto del pueblo de Catalunya. El intento de que sea el conjunto de España quien decida sobre Catalunya es, otra vez, querer imponer sobre Catalunya el peso del Estado español.
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