30/5/11

Tura Saura Puig

Diputados/as y sindicalistas de la izquierda se sienten ofendidos de mala manera cuando desde la plaza, con el movimiento 15 M, se denosta y abjura de los políticos (siempre se dice en este caso en masculino) y de los partidos. Se enojan profundamente, como si no hubiera sólidas razones y ejemplos para la ira juvenil y popular contra los políticos que cobran elevados salarios mientras en muchos casos aprueban o gestionan las medidas a las que les obligan la derecha, dicen, mientras siguen cobrando y en sus posibilistas equilibrios en instituciones electas y gobiernos.

Pero la razón está de la parte de la crítica en la mayoría de las veces. En Parlamentos y Consistorios el aire está más que viciado.

Para muestra un botón. Ahora nos hemos enfrentado contra el consejero de la Generalitat de CiU, Felip Puig, un personaje impresentable que defiende el incivismo vandálico de la represión de los Mossos en la Plaza Cataluña contra la gente pacífica y desarmada. Pero no está solo. Hace algo menos de cuatro años la represión formaba parte de la gestión de Monserrat Tura del PSC, y durante cuatro años ha sido cortijo de la responsabilidad de Joan Saura d ICV con la coalición ICV-EUiA. ¿Cómo no van a escupir a estos partidos la gente joven y la otra, que sufren la ilegalidad y la injusticia de la represión policíaca?

Montserrat Tura, Joan Saura, Felip Puig, cada cual con sus ideologías y partidos bien distintos, han aplicado la misma política para situaciones parecidas.

Cuando fui agredido por los Mossos en la época de Joan Saura, un memorable 18 de marzo por la movilización Bolonia, costó lo suyo que EUiA defendiera a sus militantes agredidos, justo decir que IU de la que formo parte en la ejecutiva amparó y defendió desde el primer día.

La bota y la tortura en la represión la enseñan y aprenden en las academias, y la izquierda tiene su parte de responsabilidad en esto, al menos en los siete años de gobierno.

La política de izquierdas se merece otros contenidos, otras formas, y gente política coherente con unas mínimas convicciones democráticas y sociales.

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