13/3/09

Desbocada


La crisis es profunda. Se ha desbocado y arrasa fortunas, empresas, perspectivas, pero sobretodo puestos de trabajo. Se ceba en la gente trabajadora. 3,5 millones de parados en España. Aleja de la convergencia con la UE. Las consecuencias del genio liberado de la botella de la globalización destruyen tanto lo que queda no privatizado del “Estado del bienestar”, como de las privatizaciones a ultranza y las políticas neoliberales.

Además aún no ha tocado fondo; todo apunta a que se profundizará.

Pero no es una enésima plaga bíblica. La crisis es capitalista y del sistema capitalista de mercado. Para enfrentarse a la crisis hay que movilizarse e imponer medidas potentes que obliguen a costearla a las grandes empresas multinacionales, a las grandes fortunas, al capital poseedor de los medios de producción.

En su voracidad destructiva la crisis es un factor que debilita a los señores de todas las cosas. Falta incorporar la conciencia de lo que sobra en el trabajo es la propiedad del capital y de los bienes de producción.

Los Estados hacen lo contrario. Ponen dinero público para el capital privado. Así sostienen la columna vertebral financiera del sistema social burgués. Las clases trabajadoras aceptan que quizás así los costes de la crisis serán menores, más llevaderos, menos traumáticos para todas las partes. La cruda realidad liquidará estas piadosas ilusiones.

Por supuesto aún está por decidir quien se beneficiará al final de esta crisis. Si se imponen los Estados y sus dueños, podrá afianzarse un segmento más reducido del capital financiero internacional; con alguna mezcolanza de propiedad industrial, comercial u agraria, e incluso algunos segmentos de clases medias y trabajadoras. Si estas fuerzas poderosas hacen aguas, quizás pueda abrirse una vía revolucionaria, socialista, que invierta todo el proceso a favor de las clases trabajadoras.

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