
La población trabajadora alemana concilia porque no quiere
perder nivel de vida y considera que no tiene porqué asumir los costes "del
Sur" de Europa, como si la crisis fuera "de los demás". Grecia y
los Estados "del Sur" como España, asumen que hay que tener
austeridad y no despilfarrar, pero enseñan los dientes y empiezan a pelear
contra el descenso generalizado del nivel de vida, del trabajo, de la parte
social estatal en servicios sociales, pues consideran que no han de pagar la
deriva crítica de las grandes finanzas y de los bancos alemanes o franceses o
norteamericanos.
Los grandes jefes financieros, industriales, del comercio y
agrario-alimentarios tienen el timón y la brújula estropeadas, no entienden ni
controlan la marea de la crisis y van a la deriva en ella, arrasan y destruyen
como saturnos económicos encolerizados y sin entrañas.
La sacrosanta propiedad privada y sociedad capitalista
expone sus vergüenzas con su incapacidad de encauzar su inmensa capacidad
productiva, de sostener educación, techo, alimento, trabajo, con relaciones
libres e iguales entre las personas, entre los distintos segmentos sociales,
entre las mujeres y los hombres.
Habrá que voltear y cambiar de abajo a arriba esta sociedad
y sus pilares económicos.
Esa es la tarea en nuestro Siglo.

La clase trabajadora y la población ha de diferenciarse,
independizarse, de los intereses, liderazgos y hegemonías de la clase dominante
europea, española y catalana, en este sentido de unos Estados cuyos gobiernos
aplican unas políticas nefastas para la población trabajadora y para el
"99 %" de la ciudadanía.
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