16/10/13

La amenaza de la ultraderecha en el 12 O



En el Colegio Príncipes de Asturias, Quijorna.
Toda crisis capitalista implica una polarización social. La crisis significa un empobrecimiento general de la población que una minoría, muy minoría, aprovecha para enriquecerse aún más y concentrar más poder político y económico. La crisis agudiza la lucha entre las clases.

Los de abajo tienen que luchar para defenderse, para proteger sus derechos o impedir que se les arrebaten, y entonces los capitalistas empiezan a ponerse nerviosos y buscan medios para desviar la atención de las masas trabajadoras desesperadas por el paro o la miseria. Uno de ellos es desviar la atención hacia la gente emigrada, haciéndoles culpables de la crisis, acusándoles de la inseguridad, de la situación de los barrios o incluso de la mala calidad de la enseñanza o de los abusos en la sanidad… creando así un ambiente de enfrentamiento entre la gente trabajadora, racismo y xenofobia frente a los inmigrantes. Este es el caldo de cultivo del que se aprovechan formaciones políticas de extrema derecha. Y la situación no deja de ser preocupante. Hay encuestas que reflejan que el Frente Nacional de Francia sería el primer partido del país. Amanecer Dorado en Grecia basa sus propuestas frente a la crisis en “primero los griegos”, lema que la extrema derecha propaga por toda Europa. En otros países las propuestas de la extrema derecha están determinando posiciones de partidos clásicos de la derecha, temerosos de su pérdida de influencia electoral, e incluso de los socialistas. Recientemente, hasta un mal llamado socialista francés, ministro del Interior, Manuel Valls, ha sido capaz de decir que los rumanos gitanos debían ser expulsados del país, incluso aunque no hubieran cometido ningún delito.  En el Estado español la extrema derecha ha estado durante mucho tiempo agazapada en el Partido Popular, que ya se ocupaba de extender las políticas xenófobas y de defender la “sacrosanta unidad de España”. Pero la potente movilización que en Catalunya exige el derecho a decidir y que está abriendo la posibilidad de una ruptura con el régimen monárquico ha puesto nervioso al Partido Popular y a los poderes del Estado. Y estos, que no otros, han empezado a dar margen a las bandas de la ultraderecha. No es solo una cuestión de Catalunya, afecta a todos los demócratas y a toda la izquierda. Al atropello fascista en la Librería Blanquerna de Madrid el pasado 11 de septiembre hay que sumar no pocos incidentes y ataques a locales de Izquierda Unida, o la feria franquista en el municipio de Quijorna de Madrid, celebrada con el apoyo expreso de la alcaldesa del PP. 
El 12 de Octubre quisieron en Barcelona hacer una demostración. Fue un fracaso. Lo fue la concentración convocada por el PP y Ciutadans, un porcentaje ínfimo comparado con los que se manifestaron en la Vía Catalana el pasado 11 de septiembre.
Más fracaso fue la concentración fascista que apenas llegó a reunir unas 300 personas. Pero  nunca en España los fascistas lograron una movilización de masas, sólo el soporte de los aparatos del Estado les ha permitido disponer de los medios humanos y financieros para cometer sus actos de barbarie. Esto es lo que nos debe alertar ante la polarización de la lucha de clases y del enfrentamiento político. Para responder a esas amenazas el medio es la movilización amplia, unitaria y firme. La defensa y el ejercicio pleno de las libertades, incluyendo el derecho a decidir, es la mejor manera de enfrentarse a la derecha y a la ultraderecha, de generar lazos de solidaridad entre los trabajadores y el pueblo para enfrentarse a la crisis capitalista y levantar una alternativa política favorable al pueblo trabajador. De la Carta La Aurora.

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