Trece personas diputadas de las catorce
del PSC han votado la propuesta sobre el derecho a la autodeterminación en el
Congreso. La deconstrucción del PSC parece algo difícil de evitar.
Los conflictivos lazos y tenues puentes entre
las organizaciones estatales y las catalanas, autonómicas o nacionales, han
sufrido un nuevo batacazo con este desencuentro entre el PSOE y el PSC.
Agrava esa fractura la tendencia a una
ruptura del PSC. Es un choque entre una componente asentada en su base social
trabajadora y de capas profesionales de identidad catalana, y otra basada en
una identidad más decantada a la española. El espectro de un PSC catalán de
Catalunya y un PSOE con su Federación diferenciada en Cataluña, ha recorrido el
Congreso en boca de Alfonso Guerra y de otros dirigentes. En Cataluña puede
hacer estragos en un PSC al que le salen enanos en todas partes, incluidas las
manos en la masa pringadas en las tramas de corrupción. El alcalde de Sabadell,
Bustos, es un ejemplo y no aislado.
El fondo reside en la presión ambiental
de una conciencia popular que cada día que pasa incrementa la adhesión a
ejercer el derecho a la autodeterminación y a decidir en consulta vinculante. Mientras
la clara reivindicación mayoritaria de soberanía y libertad de decisión sobre
las instituciones catalanas y españolas y su relación entre ellas, gira en el
imaginario popular de la ciudadanía a considerar la independencia y la
separación como una necesidad política para la existencia y el progreso social
y político de Catalunya.
La negativa y obstinación española a la
reforma de la Constitución, e incluso a un mayor margen de libertad para
Cataluña en el marco del Estado español monárquico, son factores que corroen y
minan el terreno del Estado único. La obligatoriedad de una unidad forzada
pierde adeptos por momentos.
El PSC dio la espalda a la manifestación
nacional del 11 de septiembre. Ignora la Asamblea Nacional Catalana. En cambio
la UGT se está comprometiendo de forma muy clara en el proceso catalán por el
derecho a decidir en el Parlament de Catalunya. El PSC se dividió en 15 votos
en contra de la Declaración de soberanía del Parlamento catalán y 5 que no
votaron. Ahora su giro en el Parlamento español muestra que esta política le es
insostenible.
La confluencia del socialismo español con
el catalán en el periodo de la Transición, se trueca en desencuentro y
división, cuando esa transición con restauración borbónica incluida, sufre un
proceso de descomposición y desmoronamiento. La crisis económica, la corrupción
y el agotamiento de las Autonomías son los actuales jinetes del Apocalipsis
para el Reino de España y el gobierno del PP. Por supuesto si las izquierdas se
mueven al compás de los tiempos, quizás también podría ser una losa social
inmensa que cercenase el poder y la hegemonía burguesa nacional de fuerzas como
CiU y el PNV.
Los defensores de la unidad estatal
obligada, sin ejercer la libre soberanía nacional en igualdad democrática, se
están estrellando ante la nueva conciencia y voluntad popular. Similar a los
que propugnan que toda la ciudadanía española tiene que decidir sobre uno de
sus pueblos, o si acepta lo que quieran hacer en Cataluña, Euskadi y Galicia.
Van con el paso cambiado en la rueda
actual de la historia quienes se aferran a las variantes de las concepcionesfederalistas de obligada unión; es decir que sólo aceptan consultar a condición
de que nadie pueda votar y decidir independencia, o constituir su propio Estado
o separarse del actual, o de establecer una relaciones federales o confederales
entre Estados.
En esa debacle socialista, está
apareciendo con fuerza un nuevo concepto en Cataluña: unionistas. Unionistas
centralistas estatales, o unionistas federalistas. Es en contraposición a la
necesidad de disponer de la soberanía nacional para decidir qué hacer; o de la
libre relación que puede oscilar, desde un paso de ruptura con la actual
Monarquía y Estado mediante la independencia, a la separación sin conexión o
hasta nuevas fórmulas de relación política.
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