11/11/11

La utilidad de un voto útil, político

¿Es útil el voto? ¿Para qué sirve un voto? El debate está en las plazas quincemayistas. La desafección ciudadana lo confirma en negativo con la abstención en las elecciones. El estamento político parece corroborar y alimentar este desinterés por la cosa pública con un aluvión de promesas que no piensan ni pueden cumplir, y cuando salen elegidos las olvidan a la primera oportunidad. Los poderes económicos sólo están interesados en financiar las opciones que les pueden representar, o a quienes son más moldeables para hacer concesiones y aplicar políticas que no dañen los intereses de los poderosos mercados, es decir a los bolsillos y los dividendos de las grandes empresas, Bancos y fortunas.

Estamos en un sistema de elecciones que organiza el bipartidismo. Hay una alternancia entre una derecha muy conservadora y reaccionaria (PP, CiU), y una izquierda muy derechizada y miedosa (PSOE) a la hora de tocar los bolsillos de los poderosos, demasiado dispuesta a imponer políticas que dañan las necesidades vitales de la base social popular trabajadora.

Entonces "si no nos representan" ¿para qué votarles? ¿No sería mejor abstenerse, votar en blanco, o hacer una buena propaganda de lo que se tendría que hacer sin que importara mucho o nada el voto?

Cada cosa a su tiempo y en su lugar. Durante los trescientos sesenta y cinco días del año es el momento de movilizarse, organizarse, pelear en el lugar de trabajo, barrio y estudio, por las necesidades más pequeñas o las más importantes. La propaganda de calidad, comprometida, es un elemento vital para la mejora del cuerpo social y de los derechos de la ciudadanía, para trazar las posibilidades de la senda colectiva y social con una lógica distinta a la de la gran propiedad.

Durante todo el año la relación entre los distintos estamentos de la sociedad se establecen y organizan a través de las instituciones del Estado, con sus Autonomías y Municipios, las representaciones electas y los gobiernos. Esta sistema político organizado afecta a toda la vida social e individual.

Y las elecciones son en las democracias, más imperfectas o menos, el sistema de representación formal existente. Esta representación, aunque se rechace se denuncie, y se presione, ejerce su función de poder político. Además, gobiernos y representantes electos/as, disponen de una gran autoridad ante la mayoría de la población. Por supuesto las políticas que aplican afectan a toda la ciudadanía sin excepción.

La utilidad del voto está en relación a poder influir un poco en esta representación política. En según qué condiciones llegar a entorpecer las políticas más negativas. E incluso favorecer portavoces de las necesidades más populares, en este caso con propuestas que refuercen las bases sociales y con la denuncia de las leyes y políticas contraproducentes y negativas para la sociedad.

Eso significa que un voto sirve para elegir a un o una representante. Ni más ni menos. Su utilidad viene a la hora de ejercer la voz y la ejecución en las instituciones. La utilidad reside en el ejercicio de la representación y en las consecuencias políticas de su actuación. Es decir, cuando se frenan medidas políticas contrarias a la base social representada, y aún mejor cuando se consiguen cosas favorables a la ciudadanía electoral

En la crisis actual de profundo calado, en la coyuntura de segundo ciclo recesivo, con un sistema UE y Euro en deterioro libre, en una situación de hundimiento de la izquierda mayoritaria prisionera de su dependencia del sistema de mercado, y con las otras izquierdas minoritarias y disgregadas, la utilidad política del voto reside en permitir agrupar fuerzas para hacer oír su voz y no dejar el terreno parlamentario y gubernamental libre a las derechas. Las izquierdas necesitan pisar firme, conseguir credibilidad, construir alternativa política unida y con vocación de fortaleza y coherencia política.

Por eso el voto además de conllevar buenas propuestas necesita ser un voto político. Un voto que permita influir en la vida y decisiones políticas.

En esa coyuntura y en tiempo electoral el tipo de voto que se limita a la propaganda o la propuesta de abstención, ni es útil ni consigue utilidad. No hay coherencia política en propuestas de voto o de abstención que su realidad política van a consumar la disgregación, con el efecto contraproducente de contribuir a la debilidad de la representación política de las necesidades trabajadoras y jóvenes.

No hay tampoco coherencia política, ni credibilidad posible, en las propuestas que se han negado a compartir, a mestizarse, a aunar fuerzas, a darse algún baño de realidad, para conseguir más diputados de izquierdas y menos de la derecha. No juzgo intenciones ni buena fe, cosas que no dude las hay en demasía, quizás tanto como los sueños e ilusiones, cosas muy positivas, pero que mal orientadas en la política resultan nefastas.

Poca perspectiva política pueden ofrecer opciones como las de Equo o las de la Izquierda Anticapitalista. Leeremos sus aportaciones y espejismos de mundo feliz, pero seguiremos bregando con la gente trabajadora que no ve para qué votar, o votará cambio aunque sea el de la involución y la reacción recortadora, y con quienes orienten su conciencia a construir izquierda política real en el mundo y en el terruño de hoy en día.

Para ese debate, puede ir bien ver la reflexión de MiguelSalas, director de LA AURORA. Extracto algún párrafo: "Anticapitalistas:repetir los mismos errores. Estas elecciones eran una ocasión para encontrar los puntos de confluencia que permitieran sumar y no restar, multiplicar y no dividir. Así lo entendemos nosotros y lo intentó Izquierda Unida. En su momento se propuso a Izquierda Anticapitalista, y también a Equo, llegar a un acuerdo electoral y también de frente común para responder al giro a la derecha que anuncian las urnas. La respuesta fue negativa...  Otra oportunidad perdida... (y) Se abstienen en Euskadi".

Ilustración de Roser Pineda para LA AURORA.

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