16/12/15

Unas notas sobre el sindicalismo y el movimiento de la gente trabajadora ante las elecciones del 20 D



La ruptura generacional y el fenómeno de las Ciudades del cambio configuran unos escenarios para superar la fosa in crescendo de la ciudadanía, las instituciones y la misma acción política.
En Comú, En marea, Podemos, Unidad Popular-IU, desde la base social golpeada por la crisis y desde la izquierda, se configuran como instrumentos para cambiar las condiciones de una resistencia que cede posiciones en retroceso, a una ofensiva para ganar posiciones y conseguir políticas con las que enfrentarse a la crisis y al sistema política. El rescate ciudadano y social es una respuesta al grito “Le llaman democracia pero no lo es”, que resonó en todas las plazas el 15 M. Ciudadanos es la contrapartida por la derecha al agotamiento del régimen de 1978 del Reino de España, del Estado de las Autonomías.
En este relato la población actúa en tanto que ciudadanía, más como personas que en función de su lugar en el trabajo, es decir en la producción, entre las clases sociales. La gran debilidad de En comú y Podemos, reside en que han saltado a la arena política casi de forma paralela a la lucha y a la fuerza organizada trabajadora, expresada en el sindicalismo, así como en la representación en las empresas.
La gran confluencia para conseguir una alternativa de izquierdas al desastre económico y política de la clase dominante (la derecha) para ser suficiente ha de reconocer y compartir con el sindicalismo.
En “Reino de España: La clase obrera y el 20 D”, publicado en SinPermiso, Miguel Salas se dedica a establecer una reflexión sobre la necesidad de la fortaleza vital trabajadora que representa el sindicalismo.
Unos extractos para animar a leerlo y tenerlo en cuenta.
Escribe Owen Jones en su espléndido libro Chavs: La demonización de la clase obrera, “La Cámara de los Comunes no es representativa, no refleja al país en su conjunto. Es demasiado representativo de abogados, periodistas metidos a políticos, diversas profesiones, sobre todo profesores de universidad… Hay pocos que hayan trabajado en centros de atención telefónica o en fábricas, o hayan sido funcionarios municipales de rango bajo… Antiguamente había una tradición, sobre todo en los escaños laboristas, de diputados que habían empezado trabajando en fábricas y minas. Esa época pasó hace mucho”. Si trasladamos esa reflexión a la composición del Congreso de los Diputados y de los parlamentos de las comunidades autónomas llegaríamos a una conclusión bastante parecida. (…)
La campaña electoral que finalizará el próximo 20 D anuncia un cambio, más allá de quien gane o de las combinaciones de gobierno que puedan formarse, las cosas ya no podrán hacerse de la misma manera. (…) Pero sí podemos constatar que tanto entre los candidatos de las izquierdas como en los contenidos de las campañas hay muy poca presencia de la clase obrera organizada. Cuando podamos hacer un análisi sociológico de los nuevos diputados y diputadas es muy probable que encontremos un panorama parecido al que denuncia Owen Jones en su libro. Y eso es una anormalidad.
El proceso de cambio que desde posiciones de izquierda se ha ido gestando es el resultado de varios factores: la rebelión del 15M, las huelgas generales contra las reformas laborales, las luchas y mareas contra los recortes en los derechos públicos, las movilizaciones contra los desahucios, el movimiento soberanista en Catalunya… y en todos ellos ha habido un peso importante, si no fundamental, del mundo del trabajo y de su expresión organizada, el movimiento sindical. Las candidatas y candidatos,  allí donde hay confluencia (Catalunya, Valencia y Galicia) en Podemos, en Unidad Popular-IU, en Bildu… representan una gran renovación, son el reflejo del conjunto de esas protestas ciudadanas, pero se nota la falta de representantes del mundo del trabajo.  
Sindicalismo de clase. Si compartimos “que el trabajo es la fuente de toda la riqueza y la medida de todos los valores” hay que apostar por colocar ese problema en el centro porque sino estamos mareando la perdiz a la hora de buscar alternativas para salir de la crisis y organizar un cambio real a favor de las clases trabajadoras. Hay, además, otro aspecto fundamental: difícilmente podrá haber mayorías sociales de cambio a la izquierda sin la presencia activa y visible del movimiento obrero. (…)
Se puede debatir y confrontar opiniones sobre si la política de las direcciones sindicales ha sido la adecuada para la actual situación, pero no hay ninguna duda de que el sindicalismo es la base para la resistencia. (…)
Sindicalismo y política. Pero también en el sindicalismo hay que reflexionar sobre qué papel y qué iniciativas puede tomar para jugar un papel más activo en los procesos de cambio. (…)
Ante los ataques brutales que se han vivido el sindicalismo por sí mismo no ha podido defenderse ni defender los derechos de las clases trabajadoras. Se necesita el máximo de alianzas posibles para derrotar a un enemigo fuerte. Alianzas con otros movimientos sociales, alianzas con los partidos, con las asociaciones de vecinos, mareas, etc. Con todo quien esté dispuesto a luchar contra las políticas neoliberales. Y hay que hacerlo con espíritu unitario, sin pretender hegemonías de uno u otro, sino con la convicción de que sólo la suma y la movilización pueden lograr volver a conquistar los derechos. Para que la clase obrera esté en el centro del cambio social, el sindicalismo también tiene que reivindicar su lugar y su papel en la política. (…)
Por eso hay que colocar el empleo y la recuperación de los derechos laborales en el centro del debate y la acción. Tal como lo explican los sindicalistas, cambio es también poner en el centro el conflicto capital-trabajo, o sea la lucha de clases. 
Fuente: www.sinpermiso.infohttp://www.sinpermiso.info/, 13 de diciembre 2015

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