10/12/15

¿Una campaña de plasma o en la calle?


La campaña electoral del 20-D ha comenzado con un debate televisado en Internet, diseñado a golpe de encuestas para determinar a los futuribles presidentes de gobierno y con el atril vacío del que se sitúa en cabeza y más tiene que perder: Mariano Rajoy.
Del monólogo de plasma al que nos tiene acostumbrados el PP se ha pasado a la tertulia de plasma. Las elecciones más importantes desde 1977, en el escenario de una crisis política, social y económica sin precedentes, empiezan como un reality show de cambio generacional, en el que básicamente se promete volver a una edad de oro perdida de la Transición.
El análisis de la crisis de la segunda restauración borbónica, de la corrupción, del ascenso de los movimientos soberanistas, del 25% de paro y 27% de pobreza parece quedar reducido a una pregunta: ¿cuándo se jodió el Reino de España?
Las últimas encuestas muestran una doble polarización en los ejes derecha-izquierda y vieja-nueva política que obligarán en cualquier caso a un gobierno de coalición.
Un gobierno que tendrá que recortar por mandato de la UE en 11.000 millones de euros el presupuesto de 2016 aprobado por el PP y que, a pesar de crecer este año cerca del 3%, se dirige peligrosamente a una nueva recesión internacional –que anuncia peligrosamente la crisis de la multinacional Abengoa- y que puede situar a la deuda pública del 99,8% del PIB al borde del abismo.
En medio de este panorama desolador, las elecciones se juegan en la movilización de los propios votantes. Todas las movilizaciones desde el giro neoliberal de Zapatero en mayo de 2010, empezando por el 15-M y continuando por las Mareas y los movimientos por el derecho a decidir se encauzan ahora entorno a unas papeletas de voto que gran parte de los candidatos pretenden cheques en blanco o cartas a los reyes magos.
El proceso de reconstrucción de la izquierda ha comenzado, sin embargo en otro terreno, en la conjunción de los movimientos sociales con los ayuntamientos por el cambio. Son ellos, con sus movilizaciones contra la guerra y los bombardeos de Oriente Medio y por un acuerdo vinculante en la Cumbre de Paris del Cambio Climático los que están concretando un programa de cambio y un método para construir la unidad.
Sin movilización social no podrá haber movilización electoral de la izquierda. Ni se podrá plantear claramente tras las elecciones del 20-D que la derrota del PP, que el bloqueo del recambio de Ciudadanos, pasa por una unidad de izquierdas que refleje, desde su pluralidad parlamentaria, los objetivos de cambio social y político que abran la vía de procesos constituyentes como alternativa a la crisis del régimen del 78.
La reconstrucción de la izquierda no se puede hacer desde debates de plasma, sino desde el compromiso y la participación colectiva de todos los que quieren el cambio: eso y no otra cosa es la movilización electoral que necesitamos para derrotar al PP. Necesitamos dar un giro a la izquierda y de masas a esta campaña electoral.
De la Carta de La Aurora.

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