23/11/15

Cataluña abre la brecha de la ruptura democrática en España


Cataluña, su parlamento, han empezado a ejercersu soberanía. La declaración aprobada el pasado 9 de noviembre con los votos de  los grupos partidarios de la independencia y mayoritarios en el nuevo parlamento, proclama el inicio del proceso constituyente de la República catalana y niega toda autoridad al Tribunal Constitucional.
Se trata sin duda del mayor desafío que ha sufrido el régimen de la última restauración monárquica. El gobierno de Rajoy se ha enrocado en una Constitución ya sin el menor futuro y en los últimos meses se ha apresurado a fabricar leyes de excepción para responder al desafío catalán. Por el momento ha recurrido la declaración del parlamento catalán con el argumento principal de que se atribuye un poder constituyente.
Se quiera o no, este enfrentamiento va a centrar y polarizar toda la vida política española. Partidos, sindicatos, patronales van a tener que posicionarse cada vez con mayor claridad.
Ciudadanos y, lamentablemente, también el PSOE, han corrido a la Moncloa para preparar un frente nacional contra los catalanes en torno a la Constitución del 78. Poco importa que ambos cuestionen la Constitución y la consideren caduca, unos porque quieren un Estado más centralista y otros porque lo quieren federal. Sólo les frena por el momento, para formalizar su frente nacional, la proximidad de las elecciones generales.
Por el contrario, más a la izquierda ha ido madurando la defensa del derecho de las naciones a decidir, es decir a constituir si así lo quieren su propio Estado y a negociar entre iguales sus relaciones con el España. Se va imponiendo la idea de que sin este derecho no puede haber libertad ni democracia en el Estado español. Eso es lo que proclaman hoy Izquierda Unida y Podemos. Ésta es la base sana sobre la que se puede responder a ese frente nacional contra Cataluña y reforzar la unidad de las clases trabajadoras.
Sin embargo la izquierda vacila ante la ley, justamente el  muro tras el que se encastilla Rajoy. Y en nombre de la ley se pide paciencia a los catalanes a la espera de un referéndum otorgado por Madrid y se desautoriza el ejercicio de soberanía del parlamento catalán. Una prudencia que choca con la voluntad declarada de cambio de régimen, de ruptura democrática y de apertura de procesos constituyentes. ¿Acaso habría que esperar a que la izquierda rupturista alcance una mayoría de dos tercios en unas elecciones generales con las leyes actuales?
Esa ruptura sólo podrá llegar de la mano de una amplia movilización de las clases trabajadoras y de las naciones (Cataluña, el País Vasco, Galicia) cuya voluntad de soberanía ha venido madurando en estos años. Así fue en 1931. Y también hace 40 años, aunque en esa ocasión un pacto de Transición entre el franquismo y los grandes partidos obreros y nacionalistas, dejara las cosas a medias.
Pero entonces, ¿no es eso lo que está en marcha en Cataluña? Ahí están muchos de los elementos que necesitamos, centenares de miles en las calles, miles de activistas de una nueva generación reanimando a sus mayores, un proceso que convierte la democracia en algo vivo, participativo, popular… Desafiando la Constitución y sus instituciones corruptas, preparando una nueva legalidad sobre la voluntad democrática de la mayoría de un pueblo movilizado. ¡Que sigan! En lugar de pedir prudencia a Cataluña, volvámonos contra los que quieren echarles encima todo el peso de la ley y la fuerza del Estado. Ahora la ruptura que necesitamos en España puede abrirse paso por la brecha que está abriendo Cataluña. Si Cataluña puede, todos podremos.
No nos gusta ver a la cabeza de este proceso a la derecha catalana, a los mismos que como Rajoy se han empleado a fondo en recortar los derechos sociales de los trabajadores y hundirnos en el paro y el empleo y los salarios precarios para salvar los negocios capitalistas y corromperse con sus comisiones. Pero es una derecha maltrecha, que mendiga su continuidad en el gobierno, que intenta salvar los trastos consumiendo el capital de autoridad sobre el pueblo que acumularon al frente de la autonomía y en el forcejeo constante con el Estado español. Es la continuidad del proceso con el que han querido tapar sus vergüenzas el que acabará pasándoles cuentas. No nos sobran los aliados si nos empeñamos con el pueblo de Cataluña en seguir el camino de la libertad y la ruptura democrática.
La declaración del parlamento catalán apunta claramente a la independencia, a la separación de España. Entre la izquierda trabajadora domina con razón la voluntad de seguir el camino que recorrimos juntos en el progreso y la revolución de los años 30, en la resistencia al franquismo, en las grandes luchas de los años 70. Queremos seguir con los trabajadores catalanes el camino de nuestra lucha de clase, acabar juntos con la derecha española y su régimen, abrir paso a un cambio que nos permita imponer las condiciones de la mayoría trabajadora. Pero la verdad es que no será la proclamación de una república catalana lo que puede apartarnos de este camino.
Miremos las cosas como son. Hoy la mayoría del pueblo catalán quiere la independencia. Muchos más que los que no la quieren. Entre los dos, un sector con gran peso entre los trabajadores industriales y de las grandes ciudades no se pronuncia pero en todo caso quiere que sea libremente, por mayoría democrática de los catalanes, cómo se decida la relación que quiere con España. Hoy esa mayoría en el parlamento catalán es partidaria de la separación. No hay nada más democrático hoy que esa mayoría parlamentaria. Ayudémosles en lo que esté en nuestra mano a que un referéndum libre zanje la cuestión más pronto que tarde. Pero en todo caso, entretanto no permitamos que Rajoy, el gobierno, los tribunales, un frente nacional español, les estorbe en su libre camino.
Y sí, miremos las cosas como son. Años y años de enfrentamiento y opresión, han creado una desconfianza que tendremos que rehacer por la libre colaboración y solidaridad entre pueblos soberanos. Como ahora se está fraguando entre las grandes ciudades de Cataluña, Galicia, País Vasco y España, en las que las candidaturas de unidad por el cambio se impusieron en las últimas municipales. Bienvenida pues una república catalana que abra el camino republicano al resto del Estado. Entre repúblicas libres sabremos construir nuestra unidad.
19 noviembre 2015

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