8/7/11

Asesinos en el armario

Cada semana salen del armario nuevos asesinos. Son el vecino o el compañero de trabajo. Son asesinos de mujeres. Cada semana se descubren y tenemos más asesinos entre nosotros y nosotras. La realidad se impone con el rojo de la sangre y la insidiosa tortura privada cotidiana, pero no nos lo queremos creer. Lo situamos en la excepcionalidad. A las asesinadas se les dice muertas, se buscan y rebuscan motivos para explicar que no hay normalidad sino excepcionalidad, en buena parte para justificar con razones el móvil del asesinato. El hombre, el sistema social impregnado por la dominación patriarcal de una masculinidad hegemónica poseedora, sigue castigando a la heredera de la funesta costilla bíblica de Adán para mantenerla supeditada e impedir su emancipación.

La prensa no vitupera mucho a los asesinos. Los medios ocupan más espacio con el morbo de la "muerta", la victimiza explicación tras explicación, y con imágenes como si fuera una delincuencia común o extravíos de gente desvariada y degrada. Se opera un proceso de beatificación del asesino, el hombre no se olvide, que empieza con aquello de "parecía o actuaba como un hombre de lo más normal, o afable, o afectuoso", se relativiza la situación y se empantana de mil modos en los procedimientos judiciales para encontrar mil y un atenuantes al asesinato. La mujer ha hecho muchas cosas mal, convivir con su pareja, quererla, denunciarla, o no denunciarla, dejarse agredir, dormir en la misma casa y hasta cama, poner los hijos en contra del agresor, saber un poco o mucho de sus derechos como mujer agredida por un hombre. Todo se convierte en agravantes para la mujer, la víctima, y en atenuantes para el asesino. Incluso los oráculos usan estadísticas para conjurar pretendidos efecto llamada, como si la violencia de género machista no estuviera aquí, profundamente instalada entre nosotros; como si los precedentes de los asesinos no fueran legión de agresores y torturadores psicológicos y físicos aunque anónimos para las estadísticas y la prensa, pero muy brutales y destructores para "sus" mujeres.

En una charla reciente del programa Vecinas x Vecinas, de la Asociación Helia, sobre las causas y cómo superar la violencia de género, la conferenciante Laia Rosich, psicóloga de la Asociación El Safareig de Cerdanyola (Barcelona), explicaba que las mujeres y las chicas jóvenes temían al hombre por ser hombre. Muchísimas mujeres tienen miedo de ser agredidas por un hombre. Laia Rosich no veía bien inculcar ese miedo, pero se consideraba obligada a certificar que muchas jóvenes son aún hoy en día agredidas sexualmente y violadas por sus amigos, conocidos o novios, en los descampados que han de atravesar a la salida de conciertos y discotecas, sólo para mostrar una parte de esta realidad cotidiana tan perniciosa. ¿Cómo no van a tener miedo? ¿Vamos a prohibir los conciertos? ¿Inculcamos a las chicas que no vayan a los conciertes o que no pueden ir solar sin garantías de la compañía? ¿O vamos a denunciar la masculinidad dominante violenta agresora para coeducar en la igualdad y el respeto? Si a nadie se le ocurre poner el dedo en el ojo del otro, ¿por qué la consideración es distinta cuando se trata de imponer la voluntad de uno a una mujer y agredirla?

La convocatoria de la charla indicaba que para erradicar la violencia machista contra las mujeres, denominada violencia de género, hace falta la lucha persistente, cotidiana y en la vanguardia pro parte de las mujeres, y conseguir hacerla junto a los hombres, en las pequeñas y las grandes cosas, implicándose todo el mundo en una profunda revolución social, cívica, económica, moral, de hábitos, con una política de la igualdad entre las mujeres y los hombres.

Foto del martes día 5 en la concentración en el barrio de Sant Antoni de Barcelona en homenaje a una mujer joven asesinada.

2 comentarios:

  1. Anónimo8/7/11 19:08

    Hola Francesc,
    Merci per la reflexió. Nomès puntualitzar que per a mi, el tema plantejat és complex i cal continuar amb el debat. Efectivament, des d'alguns serveis d'atenció observem un increment de les atencions a noies joves que han patit algun tipus d'agressió sexual i com esmentes, resulta preocupant, tant per una qüestió de drets (elles són lliures d'anar i fer allò que vulguin) com de culpabilització (de nou, són elles les que se senten malament i ells no consideren haver estat perpretadors de cap agressió). Cal doncs, d'entrada recordar allò bàsic: "un no és un no" i seguir posant granets de sorra en aquest apoderament de noies i dones (en cap cas des de la instauració de la por).
    Seguirem el debat. Laia

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  2. Amb la perversió d'allò maligne tant estès de que "un NO d'una dona en cosa d'amors i sexe és de fet un sí, per tant cal forçar-la (una mica o...)" oi, Laia? Pt ;))

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