16/4/09

La papeleta

En el buzón me he encontrado con la tarjeta censal para el voto a las elecciones europeas. Quedan siete semanas para el 7 de junio. Los periódicos airean estadísticas sobre el desinterés generalizado.

El 69% de la ciudadanía votó en 1987. 55% en 1989. 59% en 1994. 63% en 1999. En 2004 se hundió hasta el 45%. A donde llegará el euroescepticismo en 2009?

La gente pone en el primer lugar de sus preocupaciones la crisis económica vía paro y lugar de trabajo. Los augurios del Banco de España sobre un déficit en la caja de la Seguridad Social extienden sombras sobre las pensiones.

La izquierda institucional gubernamental se enroca, sin capacidad de liderar el enfrentamiento a la crisis de forma favorable a la gente trabajadora. A pesar de los anuncios oficiales, los dineros sociales son insuficientes y no se notan. En cambio todo el mundo ve los apoyos a las empresas, sea en dinero, sea en ERE’s, sea sin movilizar ante la pérdida de puestos de trabajo, y el vertiginoso aumento del paro. Podríamos entrar por aquí, en ordeñar la fiscalidad y finanzas de los poderosos, en vez de reclamar el saqueo vía reformas de la Seguridad Social.

La otra izquierda, la transformadora, IU, está deshojando la margarita de la refundación. Casi paralizada por la magnitud de la crisis, y de la extrema levedad del ser electoral. El deseo de movilizar contrasta con la dificultad de meterse en la piel del pánico y la desorientación que atenaza a la gente trabajadora. Con declaraciones no se come ni se mueve a la gente, al menos hoy en día. Los sindicatos saben que calentar los motores para echar a andar en la senda reivindicadora está resultando una operación lenta y costosa. La izquierda anticapitalista recoge firmas para presentarse a las elecciones, quizás con la esperanza de tener mejor suerte en las urnas que en la calle.

Lo que nos falta es agrupar fuerzas, acción unitaria, coherencia en las propuestas respecto a los hechos, credibilidad.

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