31/3/15

Elecciones y movilizaciones para un cambio político y social


La aspiración a un cambio de las políticas por vía electoral e institucional determina las movilizaciones y a quienes no se movilizan, incluida la abstención.
La proximidad del aniversario del 14 de abril municipal republicano de 1931, sustenta esta perspectiva. Hay que apuntar que hace 84 años el cambio de régimen de la Monarquía a la República abrió el proceso revolucionario español y catalán.

Hoy en día lo que está en cuestión es la capacidad de las distintas representaciones de la izquierda popular, trabajadora, obrera y nacional consiguen confluir y reunir las fuerzas necesarias para derrotar una poderosa derecha que estructura una Europa de la UE contra sus pueblos y ciudadanía. El beneficio del capital es una razón más poderosa que millones de personas sin unidad política.

En la Carta de La Aurora se trata esa relación.
Elecciones y movilizaciones. Se están reuniendo muchas de las condiciones necesarias para un cambio político y social: la crisis que mantiene en el paro y la miseria a una parte importante de la población; la crisis política del régimen bipartidista; la corrupción que afecta a la mayoría de las instituciones del Estado; la exigencia de los derechos nacionales en Catalunya y Euskadi... pero por sí mismas las condiciones de cambio, de ruptura, no lo aseguran, se necesita del empuje de la gente para lograrlo. Las necesidades sociales, las reivindicaciones, las propuestas políticas y las movilizaciones miran hacia las elecciones para conseguir los cambios necesarios. Las elecciones pueden ser un reflejo de cambios operados en el seno de la ciudadanía, de la población y de sus capas sociales, pueden señalar cómo se expresan las tendencias políticas, e incluso marcar una nueva situación. Aunque en el fondo todo reside en la capacidad de organización y en la conciencia política de las componentes de la población movilizadas. Vemos que las elecciones quedan muy determinadas por el marco constitucional del Reino de España. Para una gran parte de la población son la manera de hacer política. Y la movilización electoral es un instrumento para conectar con la población y para conseguir cambios en el dominio de la representación política y la formación de los gobiernos. Los Ayuntamientos, los Parlamentos Autonómicos y Estatal, sus gobiernos, son importantes para enfrentarse a la crisis y las políticas neoliberales de la troika. Estos gobiernos, que normalmente son instrumentos de los poderes económicos y estatales, también pueden convertirse en elemento de ruptura sobre la base de políticas económicas favorables a la población trabajadora, a los derechos universales y los servicios públicos. Por eso necesitamos Consistorios, Parlamentos y gobiernos de confluencia unitaria de las izquierdas para derrotar las políticas del Poder y de la derecha. Los gobiernos si fueran de izquierdas se dedicarían a asegurar la movilización suficiente para aplicar políticas sociales. Una lectura de las elecciones andaluzas es reconocer que no todo está resuelto, que hay trabajo por delante, que no es suficiente un trasvase de votos o que éstos vayan de IU a Podemos si las cosas van a seguir más o menos igual. Y otro elemento para la reflexión es que sin la gente movilizada, en la calle, presionando, el voto por sí solo no será suficiente. Ambas cosas están relacionadas. Cuanta más presión y movilización mayor exigencia de cambio y más posibilidades de un voto de ruptura, de izquierdas.
Marcha de la Dignidad.

Algunos ejemplos recientes. El 21 de marzo, la Marcha de la Dignidad volvió a reunir a miles de personas en Madrid. Fue una movilización importante pero inferior a la del año anterior e insuficiente para determinar los procesos políticos. Algunas de sus reivindicaciones, como la renta básica para dar dignidad a todas las personas, o la reducción de la jornada de trabajo para repartir el empleo, no avanzarán, ni se convertirán en objetivos políticos de una eventual mayoría electoral si en la calle no son un clamor. O la huelga universitaria en contra de otra barbaridad del ministro Wert, que reduce los años de carrera universitaria para favorecer los másters y estudios privados. La defensa de una educación pública, de una universidad accesible para todos y todas, no será posible sin la presión social y que ésta se imponga en las propuestas políticas y electorales.
En dos meses las elecciones municipales y autonómicas ofrecen otra oportunidad. Organicemos la protestas y la movilización. Exijamos el máximo de unidad y confluencia de las izquierdas.
De la Carta de La Aurora.

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