26/6/14

Nuevo Rey, segundas partes nunca fueron buenas


El discurso del nuevo Rey, y Jefe de Estado, traza unas líneas generales de lo que podemos considerar política estratégica del Estado del Reino de España. Lo más elocuente es que no apunta ninguna idea o posibilidad para enfocar los dos problemas más acuciantes existentes: a) La crisis económica que destruye el trabajo y las necesidades sociales incluso de supervivencia; b) la crisis del Estado con la negativa a la Consulta y al derecho a decidir que quiere ejercer Catalunya, impulsada por el anhelo de la mayoría amplia de la población. Lo que esboza Felipe VI, sostenido por el gobierno del PP con el apoyo del PSOE, es la inmovilidad de la Constitución de 1978, con la negativa a ninguna reforma, ni a las señaladas por Rubalcaba para la decisión de todos los españoles que neutralizara la consulta catalana. España es una gran nación, con una legua oficial que es el castellano, de cuya unidad del Estado el garante es la Corona, donde entre los españoles pueden ser plurales y caben todos, siempre que no sean republicanos ni sólo catalanes. CCOO ha tenido que protestar de la insensibilidad social.
Como resumen el rey supura lejanía de la realidad, inmovilidad constitucional e involución política, además de una penuria intelectual lamentable.
En la Carta de La Aurora se trata el nuevo ciclo visto desde un breve análisis  del discurso real.
Nuevo Rey. Segundas partes nunca fueron buenas. La proclamación de Felipe VI no trae nuevos aires al Reino de España. En las formas y en los contenidos es la continuidad de un régimen político que se encuentra en horas bajas. El nuevo Rey se presentó ante las Cortes vestido de militar, quizás para seguir dejando claro que él representa al ejército como garante de la unidad de España. En su discurso no dijo más que generalidades que incluso ha encontrado críticas entre sus seguidores. Ese mismo día por las calles de Madrid se perseguía cualquier expresión republicana. Su primera reunión pública fue con el sector más derechista del PP, el representado por las asociaciones de víctimas del terrorismo. La farsa monárquica continúa con el rápido aforamiento del antiguo Rey ¿por qué tanta prisa? se preguntan los ciudadanos. ¿Hay que proteger a un delincuente? ¿Hay paternidades que ocultar que podrían afectar al derecho sucesorio? El nuevo reinado nace con todas las debilidades del anterior, crisis de representatividad, de legitimidad, de negativa a que el pueblo decida en referéndum, con un creciente descrédito de las instituciones, con la corrupción como marca comercial, mientras la población sufre la crisis, el paro, los desahucios y la falta de perspectivas.
Como no podía ser de otra manera, los dirigentes del IBEX 35 y los aparatos del Estado se ponen detrás de Felipe VI como un intento para salvar al régimen. La propaganda y los medios de comunicación pueden presentarlo como normalidad, pueden incluso hacer creer que el cambio monárquico refuerza el régimen, pero la realidad es que se agarran a él porque no tienen otra posibilidad y les aterra otro tipo de cambio, por ejemplo una república que reconozca los derechos sociales y nacionales de los pueblos de España, que cambie el poder de unos cuantos banqueros y empresarios por el poder del pueblo.
Si por arriba todo es continuidad, por abajo, por la movilización social, por las expresiones políticas de las izquierdas, parecen vislumbrarse cambios interesantes. Las manifestaciones pro republicanas han sido importantes, aunque no han logrado mantener su continuidad. Las convocatorias unitarias han vuelto a demostrar que es el camino a seguir. Aumenta la conciencia de que mediante la lucha, aunque sea dura, es posible empezar a cambiar las cosas. En Barcelona, se está desarrollando un interesante proceso político –Guanyem Barcelona (Ganemos Barcelona)- por el cual en torno a la figura de Ada Colau se está configurando un proceso de confluencia política de las izquierdas para arrebatar el ayuntamiento de Barcelona a la derecha. Es un ejemplo, como hay otros, que si se extienden podrían generar la ilusión y los objetivos para derrotar a la derecha en las elecciones municipales. ¿Y por qué  no recordar el 14 de abril de 1931? 25 de junio de 2014.

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