21/6/14

Felipe VI, Rey de España sin clamor popular y con protestas unitarias republicanistas


Ilustración de Tasio.
El nuevo Rey de España Felipe VI ha iniciado su reinado con las calles vacías de calor popular y llenas de policías. El asfalto de las avenidas del trayecto real han aflorado frialdad e indiferencia. La llamada a una acogida multitudinaria no ha sido seguida ni en la Plaza de Oriente frente al Palacio Real.
Es un monarca no querido ni por el pueblo de la capital Madrid. El nuevo Rey queda muy lejos del pueblo. Felipe participa de la imagen de una casa real frívola y corrupta. La sucesión ha sido torpe. La abdicación de Juan Carlos ha sido precipitada por el resultado de las elecciones europeas que han golpeado los partidos dinásticos, PP y PSOE.
El gobierno del PP, con el acuerdo del PSOE, ha negado la posibilidad de que la ciudadanía ejerciese la soberanía con el derecho a decidir sobre el Jefe del Estado. La forma de Estado monárquica o republicana ha saltado a la conciencia de sectores más amplios que los republicanos de hasta ahora. Las Cortes españolas, han excluido a la ciudadanía de una decisión sobre el relevo en la máxima institución del Estado y de las FFAA. Madrid ha respondido negando a Felipe VI el entusiasmo popular.
Los derechos de las libertades democráticas elementales de la ciudadanía se niegan. Las medidas represivas a la libertad de expresión y prensa con la censura de la portada de El Jueves, han ido junto con la prohibición de la libertad de manifestación, impidiendo las imágenes de banderas o proclamas republicanas. Situación grotesca y admonitoria de que la dinastía mengua, pues para apuntalarla deben usar la represión agresiva y militarizada.
La revista "Orgullo y Satisfacción" de los dibujantes juevistas censurados expresa que no habrá resignación, sino lucha y compromiso por los derechos ciudadanos. La causa republicana comienza a abrirse paso en el imaginario popular. República, Repúblicas.
Los pensadores y redactores del discurso de proclamación del nuevo Rey, muestran sequía de ideas y falta de perspectiva sobre el nuevo ciclo político.
En vez de tomar el toro por los cuernos, sobre la desconfianza creciente de la ciudadanía hacia los partidos, gobiernos e instituciones del Estado, hacia el régimen político y las negativas consecuencias del sistema económico, o enfocar el clamor de Dignidad del "Pan, Tierra, Techo", o de la voluntad de ejercer la consulta en Cataluña con el derecho a decidir y el lema hacia la independencia, Felipe VI, ha hablado de valores que niega en los hechos mencionados.
Ilustración de Albert Monteys.
El discurso real es bien claro en que es el Rey de España, de una gran nación donde sólo los españoles pueden ser plurales, con la unidad y la permanencia del Estado del que la corona es el símbolo de unidad. La historia se retuerce como algo eterno e inmutable de una España de tradiciones, culturas y pueblos que no ha existido. Esta nación España, en ningún caso se la menciona como nación española, pues para el Rey es la nación de todos los españoles y de todos los pueblos, tiene el castellano como lengua oficial del Estado y otras lenguas.
El deseo de una monarquía renovada para un tiempo nuevo, como ha insistido el recién estrenado Rey de España, transita por un camino muy tortuoso, visto el hundimiento del PSOE y la incapacidad del PP para resolver las necesidades sociales y de soberanía democrática más básicas de la ciudadanía de estos pueblos, países y naciones.

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