5/1/16

La CUP da el tono


Tres meses de bloqueo parlamentario y gubernamental han dinamitado las expectativas de un proceso de soberanía liderado por la derecha catalana de CDC con el presidente Artur Mas.
El No de la CUP da el tono a la polarización en Catalunya. La emergente izquierda revolucionaria e independentista ha optado por una perspectiva constituyente catalana liderada desde la izquierda.
La CUP pretende soberanía, independencia, plan de choque social y república catalana. Tanto la Asamblea de la CUP, que empató a 1.515 votos, aunque no dio el sí a la investidura de Mas, como la dirección política que el domingo se decantó finalmente por el no al presidente continuista Mas, reflejan y concentran que se dirime una lucha feroz para arrebatar a la derecha (CDC, Mas) la dirección política de la libertad y emancipación catalana.
Este portazo de la CUP a la derecha catalana lo es también a la derecha española. No en vano la CUP ha ocupado todas las portadas y titulares de los medios de comunicación. Cataluña, incluida la CUP, es una razón de Estado. La unidad y la estabilidad del Reino se ven afectadas por el desenlace catalán.
El fracaso de Artur Mas preludia el siguiente en el Estado. Rajoy tiene que poner sus barbas a remojar.
Las crisis periféricas bloquean y acrecientan la incapacidad para formar gobierno en el centro. El derecho a decidir y referéndum catalán se interpone entre Podemos y el PSOE. La fuerza de “en Comú Podem” ha impedido el escenario de final feliz entre Rajoy (PP) y Rivera (Ciudadanos). La política vengativa y contraria a los DDHH con la gente presa vasca impide acuerdos en Euskadi. El PP pierde pie en Galicia ante En Marea.
El café para todos autonómico ha pasado a mejor vida. La polarización gira en torno a cambiar las políticas económicas y sociales, y la necesidad por asumir la concepción democrática de la realidad de un autodeterminismo rupturista constituyente solidario.
Los Ayuntamientos del cambio, con Ada Colau de bandera, junto a las experiencias de metodología participativa e igualitaria desde la base ciudadana, subvierten en la práctica los cimientos del régimen de la Constitución de 1978. Plan de emergencia social junto a derecho a decidir resulta una receta de gran poder de atracción y motivación, pero demoledora para el conjunto estatal en el que “le dicen democracia pero no lo es”.
2016 se inicia entre la disyuntiva de concretar procesos constituyentes o una involución democrática y social en toda regla.
Está en nuestras manos convertir estos bloqueos e inestabilidad de los poderes dominantes en gobiernos y confluencias soberanas, libres y sociales.

De la Carta de L’Aurora.

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