18/1/11

Revolución en el Mahgreb

Adjunto una crónica recibida desde el Mahgreb sobre los sucesos de Túnez y sobre su repercusión en los países limítrofes. Las fuerzas del viejo régimen pretenden ahogar la revolución con un gobierno de salvación nacional de transición. Ahora bien, para la juventud magrebíe, norteafricana, y de todo el mundo, lo significativo es que por medios revolucionarios es posible derrotar una dictadura y fomentar un cambio político. El alcance democrático y de libertades también lleva a plantear el poder social y económico. Hoy por hoy estos aires tunecinos revolucionarios son importantes y una lección para toda la juventud.

Revolución en el Mahgreb

Ben Alí, el dictador que ha gobernado Túnez en los últimos 23 años, ha sido derrocado por una valiente revolución popular democrática.

Menos de un mes ha pasado desde que el 17 de diciembre, la autoinmolación de un joven parado, como protesta desesperada contra la violencia con que la policía había desmontado el puesta de venta ambulante con el que intentaba malganarse la vida, hizo cuajar el hartazgo del pueblo con la dictadura y desencadenó un imparable movimiento popular que por el momento ha forzado el exilio de Ben Alí y su familia y la convocatoria de elecciones libres en 60 días.

La victoria del pueblo de Túnez representa un duro golpe para las potencias europeas y los intereses de los grandes negocios de sus capitalistas en la región. No en vano los gobiernos europeos han apoyado hasta el último momento al dictador mientras su policía llenaba de muertos las calles de Túnez y la represión se ensañaba contra el pueblo. Incluso después de que Obama y el imperialismo americano, presagiando la derrota de Ben Alí, se adelantara a condenarlo y a expresar su apoyo a las aspiraciones democráticas de los tunecinos.

El golpe de Estado dentro del régimen que llevó a Ben Alí al poder en 1987 con el apoyo de las potencias capitalistas, constituyó un primer golpe contra la marea democrática popular que en los años 80 en el Mahgreb siguió a la revolución iraní. Redoblando la represión de Burguiba, su predecesor, Ben Alí puso fuera de la ley a los islamitas y los partidos democráticos, amordazó a la prensa y llenó las cárceles de presos políticos. Pocos años después fue el ejército argelino el que se encargó al precio de una sangrienta guerra civil de impedir la victoria democrática del frente islamista. Estos largos años de frustración y represión para los pueblos del Mahgreb, pueden llegar ahora a su fin.

La juventud argelina ha seguido con gran atención la revuelta de los tunecinos en estas semanas. Durante más de una semana los jóvenes han tomado las calles de los barrios populares de Orán, Argel y otras ciudades argelinas y se han enfrentado duramente con la policía. El gobierno argelino ha logrado por el momento contener la revuelta combinando la represión (cinco jóvenes muertos en los enfrentamientos y más de mil detenidos) y la atenuación de la subida de los precios de los alimentos básicos que centraba la simpatía popular con la revuelta juvenil. Pero sin duda no ha sido más que un primer asalto.

Tratando de seguir el ejemplo de Túnez son ya varios los jóvenes que en estos últimos días han intentado autoinmolarse en estos días en Argelia y al menos uno de ellos ha muerto ya. Los partidos de la oposición parlamentaria empiezan a exigir la liberación de los detenidos en la revuelta juvenil, el levantamiento del estado de excepción, la garantía de los derechos democráticos y la convocatoria de elecciones libres. Se multiplican las iniciativas de coordinación de asociaciones civiles para retomar las reivindicaciones del movimiento espontáneo de los primeros días de enero. En Argel, una manifestación ha sido convocada para el sábado 20 de enero…

El régimen argelino cuenta a su favor con el agotamiento y la resignación del pueblo después de la cruenta guerra civil. El estado de excepción y la represión se mantienen con la justificación de la lucha contra el terrorismo islamista que ha perdido una buena parte de sus antes amplias bases sociales. Cuenta también el régimen con la importante capacidad de maniobra financiera que le dan las rentas del petróleo y del gas. Pero al mismo tiempo, también en Argelia va avanzando, en primer lugar entre las nuevas generaciones, un sentimiento de hartazgo ante el despotismo de las autoridades y los negocios corruptos de la élite burguesa que parásita el Estado y sus empresas petroleras, mientras que a despecho de la riqueza acumulada en las arcas del Estado, el paro, el subempleo y los salarios de miseria ahogan al pueblo.

Por eso la victoria del pueblo tunecino tiene una importancia que va más allá de su propio país. Su victoria animará sin duda a todos los pueblos del Maghreb.

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