13/9/16

La Diada 11 S ha sido con voz republicana

En el Estado se desgrana la margarita de si habrá nuevas terceras elecciones, con la espada de Damocles de las imposiciones presupuestarias recortadores y con un gobierno de Rajoy en funciones desde hace nueve largos meses. La sombra alargada del PP y de la derecha más rancia fomenta la desazón, desmovilización y abstención.
Las miradas van hacia elecciones autonómicas en Euskadi y en Galicia para atisbar si aportarán nuevas claves al esperpento gubernamental.
En este panorama los focos más potentes de gran alcance enfocan al fenómeno de masas ciudadanas en que se ha convertido año tras año desde 2012 (e incluso desde 2010 con la repulsa a que se tumbase por parte del Estado la reforma del Estatuto catalán) la Diada del 11 de septiembre.
Este año 2016, la quinta macro manifestación ha sido con el formato de 5 Marchas deslocalizadas –Lleida, Berga, Salt, Tarragona, Barcelona- cuyo vigor y participación han orillado el coro de quienes analizan y propagan que pincha el clamor por la soberanía y la independencia, o se deshincha, o invade la frustración y la desesperanza.
Los dos grandes golpes de efecto político de los convocantes ANC y Òmnium, ha resultado situar el soberanismo y el independentismo en función del eje de gravedad republicano, con un epicentro para poder decidir con la reclamación de un referéndum de toda la ciudadanía, inclusivo y vinculante.
Analistas, medios y dirigentes políticos convencidos derrotistas respecto al proceso y movimiento soberanista por la libertad de Catalunya, no dan crédito a una realidad tozuda que supera todas las tergiversaciones.
La ciudadanía movilizada les ha dejado por quinta vez en ridículo. Se han quedado sin argumentos, aunque en los medios se propaguen los espejismos apocalípticos. Los voceros de la frustración son a su vez los frustrados.
Quienes en Cataluña llamaron a no participar en las Marchas “A punt: Avancemos, República Catalana” (Todo listo: Avancemos, República Catalana) están desnudos, en su casa, sin movilizarse, sin voz en el futuro de libertades soberanas republicanas que se está cociendo.
Ada Colau, alcaldesa y lideresa de BComú /EnComúPodem (ECP), captó muy bien el sentir ciudadano popular. Con un nutrido cortejo participó en la cabecera de la Marcha barcelonesa (540.000 personas), mientras ECP extendía su presencia emergente en las otras cuatro Marchas de Lleida, Berga, Salt y Tarragona.
El movimiento municipalista “Comú” fomenta y se compromete en la política estatal y, desde la Diada, irrumpe firme en la palestra nacional catalana, con moral alta y ánimo entusiasta, a contribuir a nuevas alianzas para una hegemonía de izquierdas en el país y en la Generalitat de Catalunya.
En la Carta de La Aurora se muestra el cambio que se opera. Incluyo unos párrafos.
“11-S, Republicanismo catalán. Las manifestaciones de la Diada en Catalunya han vuelto a sacar a la calle a cientos de miles de manifestantes. A pesar de que ha habido una menor presencia, se equivocan quienes piensan que el movimiento va de baja. Ni en España, ni siquiera en toda Europa, hay actualmente un movimiento capaz de movilizar a tanta gente y durante tanto tiempo, este es el quinto año consecutivo de movilizaciones impresionantes. (…)
Este año la movilización ha tenido la particularidad de resaltar su carácter republicano. (…)
Y es que por mucho que se intente desprestigiar, el movimiento nacional catalán tiene una clara base democrática (derecho a decidir) republicana (no se acepta la Monarquía) de ruptura (los actuales gobernantes y las leyes ya no representan a la mayoría) y popular (masiva participación en las manifestaciones). (…)
Nueve meses de callejón sin salida institucional, el PP sigue con sus cacicadas, como en el caso Soria o evitando que se trate en un pleno del Congreso, dos elecciones y nadie descarta que pueda haber unas terceras…hay que romper este empate estratégico entre izquierda y derecha. Una parte depende de las alianzas electorales, pero la decisiva está en la capacidad de movilización ciudadana. El republicanismo catalán es un ejemplo. Si pudiéramos sumar las exigencias sindicales, las movilizaciones sociales, las protestas contra los recortes… reuniríamos las condiciones para un cambio social y republicano”.

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