5/5/22

Crónicas ucranianas · miércoles 4 · Lviv: donde no hay guerra… pero se la oye

De Alfons Bech.

He llegado a la ciudad de Lviv. Formo parte de una delegación internacional que tomará contacto con sindicatos, asociaciones civiles y de izquierdas. Somos dos docenas, 24 personas. En la delegación hay sindicalistas, feministas y ecologistas de Francia, Estado español, Bélgica, Suiza; representación de partidos políticos de Francia, Suiza, Alemania; y parlamentarios de Polonia, Dinamarca y Finlandia. Formamos parte de la red Europea de Solidaridad con Ucrania, una red que agrupa ya 178 nombres de 17 organizaciones de Europa, 2 de Estados Unidos y Canadá y personas individuales.

Durante el viaje por bus desde la frontera Polonia hasta Lviv la prueba de que existe una guerra en marcha es precisamente en el mismo paso de un país a otro. Allí se puede ver colas de refugiados, habitáculos preparados para recibirlos y algún autocar con cartel de Ayuda humanitaria. También hay una larga cola de camiones que quieren entrar a Polonia, parados. No tengo explicación del porqué.

A la entrada de Lviv hemos visto el único check-point. Pero una vez ya en la ciudad las calles aparecen limpias, la gente pasea con normalidad. Llegamos al hotel y tenemos el primer contacto político con la organización anfitriona, el Movimiento Social. Se trata de una organización que tiene un carácter político de izquierda, pero no están constituidos aún como partido político. Se dedican a ayudar a la resistencia, en particular a la clase trabajadora. Ofrecen asistencia legal a sindicatos, sindicalistas, trabajadores. También ponen en contacto a sindicatos y otras asociaciones civiles, como feministas, ecologistas u otras de otros países que quieren trabajar en solidaridad con Ucrania. Su composición es gente joven, muchos de ellos estudiantes, y también profesionales e intelectuales.

Nos cuentan grosso modo que la situación de la clase obrera está completamente condicionada por la ley marcial, a causa de la guerra. Están prohibidas las huelgas; los trabajadores esenciales pueden ser obligados a trabajar hasta 12 horas; la mayoría de trabajadores del Estado no han cobrado la paga. Los sindicatos han aceptado estas duras medidas. Mañana hablaremos con representantes de los sindicatos y sabremos con más detalle lo que comporta la guerra.

La charla de introducción incluye la visita al sótano del hotel, un lugar reducido con una cocina y cuatro mesitas de comedor donde, en teoría, deberían bajar todos los clientes y empleados del hotel, en caso de se escuche la alarma por bombas. “Eso es lo que recomendamos”, nos dicen.

Luego nos llevan a visitar Lviv. Una ciudad preciosa que ha sido centro turístico durante muchos años por lo bien conservada y cuidada. Hoy el único “turismo” que va es el político y de solidaridad. Kiev, la capital es el centro para las visitas oficiales, de jefes de gobierno, autoridades de renombre internacional. Pero Lviv es un centro más operativo (y más tranquilo y apropiado) para poder hacer reuniones, charlas, acuerdos, sin tanta prisa. Para conocer mejor el activismo, pues los que se dedican a esa relación internacional viven o alguno se desplaza hasta esta ciudad.

En el trayecto de bus que tomamos nos muestra un detalle de cómo es la ciudadanía de Lviv: como la puerta de delante donde se paga está llena, vemos que suben a la de atrás. Inmediatamente pienso “se han colado”. Pero no: dan el billete de 10 cópecs al viajero de al lado y este lo va pasando hasta que llega al conductor, que también cobra. Y no sólo eso: a veces recibe por el mismo medio la vuelta. El compañero Olivier Besancenot que también observa la operación, comenta “esto en París sería imposible”. Yo creo lo mismo de Barcelona.

Los de la delegación estamos a punto de entrar en un bar cuando escuchamos un sonido que parece una alarma. Nadie hace caso. Nos miramos entre nosotros y nos preguntamos “¿has oído una alarma?”. Todos asienten, pero suena otra vez y la gente sigue tomando sus cervezas tranquilamente en la calle. Por precaución decidimos entrar dentro del bar.

Hablando con un anfitrión, científico que tiene familia y ahora se dedica a esta tarea política, se ensombrece su cara cuando le pregunto cuánto tiempo cree que puede durar esta guerra. “No lo sé, nadie lo puede saber. No depende de nosotros”. En muy poco tiempo la resistencia ucraniana ha tenido que madurar y asumir tareas inmensas.

Alfons Bech

4 de mayo de 2022

La Aurora participa esta semana de una delegación europea a Lviv, Ucrania, formada por organizaciones políticas y sindicalistas, con el ideario de ofrecer y dar apoyo a todas las formas de la resistencia ucraniana (civil, militar y pacifista) a la invasión militar depredadora de Rusia; la delegación busca confraternizar con la población, con entidades y milicias de la izquierda y con organizaciones sindicalistas. Pedimos contribuir a este apoyo con difusión y aportaciones económicas.

4/5/22

¡Viva Ucrania libre! ¡Fuera las tropas rusas!

Por una Europa unida de los trabajadores y pueblos, desde el Atlántico a los Urales

Las tropas rusas invadieron Ucrania el 24 de febrero. Desde entonces, Rusia ha mostrado su absoluto desprecio por la población inocente, bombardeando escuelas, hospitales, barrios trabajadores, plantas nucleares o químicas, sometiendo a un feudal asedio la ciudad de Mariupol y liquidando población civil como se muestra en las poblaciones cercanas a Kiev, abandonadas por las tropas rusas. Esta es una guerra imperialista clásica en la que Rusia quiere el control de las riquezas del territorio: agricultura, tierras raras, control del gas… Todas las excusas sobre la “nazificación” de Ucrania, o sobre el pretendido papel “liberador” de esta guerra (que ni siquiera Putin menciona por su nombre), han quedado desmentidas por los hechos, especialmente por el levantamiento y resistencia del pueblo ucraniano, que muestra las mentiras del régimen ruso.

¿Deberíamos mantener una neutralidad entre ambos bandos? Estamos por la disolución de la OTAN. Rusia estaba cada vez más rodeada y amenazada económicamente por la UE y la OTAN, pero en concreto no estaba militarmente amenazada. No somos neutrales: en esta guerra imperialista estamos sin reservas al lado de Ucrania contra Rusia pues no existe sólo un imperialismo en Europa y el mundo. La idea de Putin de que Ucrania no es un país, sino que forma parte de Rusia, es una nueva versión del imperialismo zarista, la negación del derecho a existir de naciones independientes, como antes ya hizo con Chechenia o Georgia. No en vano Putin ataca a Lenin y su política de autodeterminación nacional. Y ahora los ideólogos al servicio de Putin empiezan a teorizar la necesidad de “desucranizar” Ucrania y a justificar la liquidación de millones de ciudadanos por su supuesto apoyo a un régimen “nazi”.

¿Esto significa que estamos también por el envío de armas al ejército y voluntarios de Ucrania? Sí; en medio de una guerra la parte oprimida y agredida tiene todo el derecho y deber de defenderse. Apoyamos que Ucrania busque y obtenga las armas necesarias no importa dónde para frenar el ejército ruso. Como apoyamos las valientes protestas rusas por la paz.

¿Ayudar a Ucrania no significa reforzar el polo imperialista occidental bajo la égida de Estados Unidos? No, debilitar el régimen de Putin por medio de la autodefensa de Ucrania, del aumento de la oposición a la guerra en Rusia, de las manifestaciones y acciones europeas contra la guerra y por la retirada de tropas rusas, y de sanciones selectivas contra oligarcas rusos, no reforzaría el imperialismo occidental sino la acción independiente de los pueblos respecto a los actuales gobiernos imperialistas.

¿Apoyar Ucrania significa también dar apoyo al gobierno de Zelenski? Apoyamos al gobierno Zelenski en todo lo que significa su lucha y resistencia contra la invasión rusa y su defensa por la independencia y soberanía de Ucrania. No estamos de acuerdo en sus medidas neoliberales contra los propios trabajadores ucranianos ni en el apoyo que tiene de los oligarcas y su corrupción, ni en congeniar con el nacionalnazismo ucraniano. Estamos con los trabajadores y el pueblo ucraniano.

¿Esto significa que estamos a favor de un rearme de la OTAN frente a Rusia y de un aumento de los presupuestos militares en la Unión Europea? No, en absoluto. El motivo de fondo de la guerra de Putin es dominar una zona de influencia europea, tal como Estados Unidos hace con América, como “su patio trasero”, o en Irak. Pero reforzar la OTAN, instrumento militar bajo el mando de Estados Unidos, es un preparativo para una nueva guerra imperialista de carácter más amplio en Europa. La guerra es “la política por otros medios” y lo que surge de la pandemia, agotamiento de minerales y combustibles fósiles y cambio climático, es una aceleración de la competencia interimperialista. Es el mismo militarismo depredador de Putin quien está echando a parte de la izquierda y de la opinión pública a confiar en la OTAN, con el temor por la paz y la seguridad, aderezado por el militarismo estadounidense y europeo.

¿Debilitar al imperialismo ruso y que no salgan fortalecidos la OTAN, la UE y Estados Unidos, no refuerza el imperialismo chino? China ya lleva reforzando su papel en la economía mundial, particularmente en América, África, acaparando tierras, fuentes energéticas y de materiales, y alianzas dependientes. Esta guerra en territorio europeo le sitúa en mejor posición en vista de que puede debilitar a ambos imperialismos y hacer más dependiente a Rusia. China “mira y espera” para salir reforzada como potencia dominante.

¿Qué papel juega la guerra en la subida de los combustibles, la electricidad, los precios? La guerra precipita las consecuencias de la crisis económica que la globalización no resuelve. La guerra ha trastocado las expectativas y planes económicos de la postpandemia. Los problemas que arrastraban las economías capitalistas: agotamiento de las energías fósiles, estancamiento, inflación, límite de minerales y materias, cambio climático… se multiplican con la guerra real y la económica. Mientras todo se encarece, empezando por la electricidad, el gas, gasoil, la alimentación, la vivienda… el gobierno español, como otros gobiernos europeos, nos meten en una escala armamentista para rearmar la OTAN y depender más de la energía USA. La guerra la paga el pueblo, pero llena los bolsillos de los más ricos, especialmente bancos, energéticas, farmacéuticas, armamentísticas. No tocar el bolsillo a los ricos, como hacen el gobierno Sánchez o los autonómicos, significa la guerra contra los más pobres. Las huelgas que empiezan ahora son el preludio del endurecimiento de la lucha de clases que viene. Si el gobierno no gira hacia la izquierda, le abrirá el camino a la derecha populista y xenófoba. Lo que necesitamos es la escala móvil de salarios y pensiones; fuertes impuestos al oligopolio de eléctricas, gas, petróleo; nacionalización de la energía de pantanos; vivienda, pan, salud, educación, energía para todos. Iniciar la transición hacia energías sostenibles y locales, comercio local, sin más dilación. Y una renta básica universal a costa del 20% más rico.

¿Qué hacer ante el mayor éxodo de la historia reciente europea? El éxodo de cuatro millones de personas de Ucrania que huyen de la guerra, sobre todo mujeres y niños, es un drama como no se veía después de la segunda guerra mundial. Es un deber humanitario y de ayuda a la resistencia acoger y ofrecer toda la ayuda posible a estas familias y personas ucranianas. Debemos abrir las puertas en toda Europa y exigir una regularización inmediata, sin apenas burocracia. Y aprovechar para exigir el mismo trato hacia todas las demás personas refugiadas que, por guerras, cambio climático o saqueo colonial de su pesca y riquezas, llegan a nuestro continente.

¿Qué seguridad y futuro podemos tener? Esta guerra europea inaugura un nuevo periodo. El de la globalización capitalista muestra ya sus límites. Los imperios ruso, americano, europeos y chino se preparan para una feroz competencia, que pueden llevar a la extensión de la guerra. En Europa se juega ahora, de nuevo, si salen debilitados los imperialistas o la clase obrera y el pueblo. La permanencia del bloque militar de la OTAN no sólo no es ninguna garantía de paz, ni de seguridad, ni de libertades, sino que es preparación de más guerras contra cada pueblo y entre pueblos para salvar al capitalismo decadente que nos arrastra hacia un horrible caos económico, social y climático. Tenemos que iniciar el tránsito cuanto antes hacia otro sistema más justo socialmente, libre, comunal, de respeto a la autodeterminación de los pueblos y a la soberanía ciudadana e igualitario, un ecosocialismo democrático y feminista. 

¿La única unidad posible en Europa es aislando Rusia de ella? Estamos en contra de la rusofóbia que destila odio y división de Europa. Las prohibiciones de artistas y atletas rusos es una nueva muestra de inhumanidad e incultura que impregna el capitalismo y sus mitos de fabricar “pueblos buenos y pueblos malos”. La unidad de Europa no vendrá de la OTAN ni de la Unión Europea de los monopolios, incapaz de tener una Constitución democrática, sino de la lucha unida de los pueblos contra Putin y contra la OTAN y contra unos Estados que han pactado la UE en función de las grandes multinacionales y Bancos, pero a espaldas de la voluntad soberana popular. Es imprescindible ahora presionar nuestros gobiernos con manifestaciones y acciones por la paz, necesitamos construir una perspectiva concreta, independiente de la UE: una Europa de pueblos libres, Unida desde el Atlántico a los Urales, sin capitalismo depredador y sin guerras armamentistas o comerciales. Paz entre pueblos y guerra contra los explotadores.

Las diversas izquierdas y movimientos que quieren luchar por la paz y contra la guerra debemos encontrar la manera de defender Ucrania de las bombas y defender la economía y la vida de las clases trabajadoras. ¡Hagámonos fuertes en la acción unida! Defendemos el compromiso e implicación sindicalista para rehacer lazos entre las clases trabajadoras de Ucrania y de toda Europa incluida Rusia! Preparemos una gran acción europea contra la guerra de Putin, contra el rearme, por una Europa unida de los trabajadores y los pueblos.

¡No a la guerra: el 24 de abril, manifestaciones en toda Europa!

 Declaración de La Aurora (organización marxista) 7 de abril de 2022

De la Carta de L'Aurora.

2/5/22

Escàndol

La transparència estatal és un miratge, opaca, caciquil. Els governs s’han quedat garratibats. L’estatal agafant-se al clau roent de la legalitat. L’escàndol del ciberespionatge massiu contra l’independentisme és secret i legal, poc a fer-hi, una perla de la democràcia monàrquica. El govern de la Generalitat pataleja, poc s’atreveix a fer. Els grups parlamentaris de la majoria d’investidura, inclòs Unidas Podemos, denuncien la impunitat i el trepitjar drets fonamentals que practiquen els serveis secrets i les cloaques repressives. El Consell per la República exigeix ruptura de relacions polítiques amb l’Estat i els partits espanyols, poc ho pot fer-ho. I si dediquessin ànima, cor i forces, a mobilitzar la societat civil, a estendre les espurnes republicanes en mobilització, proposta i pràctica política d’entesa i aliances per enterrar el règim constitucional monàrquic que protegeix els poders neofranquistes?

Toca fer neteja: Finalitzar amb la Llei de secrets oficials franquista, restringir els fons pressupostaris destinats als serveis secrets i a les cloaques del Deep State, dissoldre el CNI i instaurar un control democràtic parlamentari eficient, depurar els responsables operatius i polítics. Convé promoure higiene republicana curosa amb els dretes polítics, les llibertats i la sobirania ciutadana. La ministra Robles justifica el tot s’hi val, doncs es pot començar per aquests lacais.

Resulta un malabarisme oferir la remodelació de transparència de la casa reial mentre imperi la patent de cors pel monarca, impune davant la llei. El sosteniment de la monarquia és un pilar bàsic del règim, segueix essent una entesa cabdal entre el PSOE i el PP. D’on procedeixen els milions de la fortuna reial declarada? On rauen els altres milions opacs del comissionista, subministrador financer, emèrit?

Un greu escàndol social és l’estafa immobiliària perpetrada amb la Sareb. Això és una decisió directa del govern i torpedina la polèmica Llei d’Habitatge. Un greuge majúscul a la població necessitada d’habitatge, a les PAH, a l’alcaldessa Ada Colau i als coalitzats de govern, UP. Brutalitat del poder enfront de les dues milions de persones en situació de possible desnonament o en habitatges, segons l’INSOCAT. L’Estat assumeix 35.000 M€ del dèficit de la Sareb per entregar els habitatges als fons Blackstone (45%) i KKK (Hipoges, 55%). Són uns 55.000 habitatges (15.000 per habitatge social), d’un valor de 25.300 M€. No hi fa res que a la Llei de l’Habitatge es digui que es crearà un parc públic i que es prohibeixi la venda d’habitatge públic. Som davant una privatització de bens públics. Aquesta estafa arranca el 2012 com a complement a les ajudes financeres a la Banca i a les caixes fallides. El govern estatal ha optat per privatitzar i enfortir a un dels principals operadors immobiliaris, Blackstone, el primer és CaixaBank, en comptes d’aprofitar per generar empresa i operadors públics dels diners públics. 

La solidaritat amb Ucraïna necessita compromís, acció i mobilització. La participació en el terreny a Kíiv d’una delegació sindicalista europea és una saludable iniciativa per establir llaços fraterns entre les classes treballadores. La preparació d’un comboi sindical és una de les bones mesures per contrarestar les propagandes militaristes que posen el focus en les raons de la invasió de Rússia, o el rearmament de la UE i de l’OTAN, que repercuteix fatal en una carestia i una crisi econòmica que perjudica abastament a la població d’arreu d’Europa.  

Una posició treballadora pròpia ha de superar els antics blocs de la guerra freda, mentre denuncia la depredació imperialista. El que està en qüestió és el destí d’Ucraïna lliure, junt al d’una Europa unida des dels Urals a l’Atlàntic. 28 d’abril de 2022

De la Carta de L’Aurora.

* Il·lustració de Bernardo Vergara.