14/3/16

El Metro símbolo de maduración del municipalismo del cambio


El Metro de Barcelona nos preocupa a todas las personas y mucho, por supuesto. Y quienes estamos comprometidos con el cambio En Comú aún quizás más. Una resolución positiva de la contradicción entre plantilla trabajadora del Metro, el Ayuntamiento con la alcaldesa Ada Colau y la concejal de movilidad Mercedes Vidal, y la directiva de TMB, es esencial para la buena salud del transporte urbano, la gente usuaria y el proyecto En Comú. La ciudadanía individual y colectiva trabajadora necesitan que en Comú sea útil para sus necesidades. El paradigma se sitúa en hacer también del Metro un emblema del cambio de las relaciones entre una componente básica trabajadora con calidad laboral y un buen servicio público. BComú ha de situar el Metro de Barcelona en la innovación de un Metro del S. XXI desde la “6ª marca de ciudad” en el mundo. Y qué mejor que una colaboración estrecha entre personal trabajador del Metro, con sus sindicatos y comité, con BComú para conseguir una proyección de futuro.
SinPermiso con Miguel Salas aborda esta espinosa e interesante perspectiva.
Extractos de “Sobre la huelga del metro de Barcelona” de Miguel Salas, SinPermiso 13/03/2016.
La dinámica de cambio que representa la nueva alcaldesa de Barcelona y el movimiento de los Comunes se nota en muchos aspectos del gobierno de la ciudad: medidas para combatir las desigualdades; poner vivienda social al alcance de los más necesitados; inversiones sociales en los barrios más vulnerables; recuperación de espacios públicos invadidos por la actividad privada; participación de los vecinos en decisiones que les afectan; inicio de un relato de que es posible el cambio y necesaria la participación y movilización de vecinos y vecinas… Sin duda que hay mucho por hacer y que se podría discutir sobre los ritmos y las prioridades, pero lo más importante es que se ha empezado a caminar y que ahí está la base sobre la que construir y consolidar el cambio.
Sin embargo, la huelga del Metro de Barcelona ha abierto un debate sobre las relaciones entre el movimiento sindical y el movimiento ciudadanista y también ha hecho saltar algunas alertas sobre la relación entre la gestión institucional y los movimientos sociales. (…)
Todos y todas tenemos que aprender de las experiencias, de los aciertos y errores y del contraste de ideas para hacer realidad uno de los lemas electorales del pasado 20-D: “El canvi no s’atura” (El cambio no se para). Porque el conflicto del Metro y la manera en que se ha enfocado ha creado mucha inquietud entre los activistas de BcnenComú -en expresión de uno de ellos “ha sido un batacazo moral”- y sin duda entre la plantilla del Metro. (…)
El conflicto ha tenido dos planos, uno económico y social (las reivindicaciones de la plantilla) y otro político (afrontarlo y resolverlo de otra manera a como hasta ahora las instituciones lo habían hecho) No era fácil enfrentarse a las presiones de los lobbies empresariales, a las campañas de ciertos medios de comunicación y, evidentemente, a las exigencias de la plantilla del Metro. Pero ahí estaba el reto. Cambiar las cosas y la manera de hacerlas exige un aprendizaje y sacar las lecciones de tales experiencias. (…)
También es un error, como se ha hecho desde algún sindicato o partido político, decir que el Ayuntamiento actuaba como una patronal. ¡De ninguna manera! Se puede debatir las decisiones que ha tomado pero en ningún caso representan intereses empresariales. Tampoco parece acertado proponer la dimisión de Merche Vidal, la concejal de Movilidad. Mejorar las condiciones de trabajo de la gente y mejorar las condiciones de la ciudad exige alianzas y complicidades, debatir las cosas con franqueza pero no tirarse los trastos ni debilitarse unos a otros. (…)
Uno de los motores de la “indignación” del 15M es el problema de la precarización del empleo, y su corolario, la división entre trabajadores “privilegiados” –con cierto grado de sindicación- y la masa de trabajadores y trabajadoras con empleos precarios, temporales y con sueldos miserables. La huelga del metro era una ocasión para abordar ese problema en positivo, ya que una de las reivindicaciones más importantes era la de atajar los precarios.
Una ocasión para demostrar que se pueden hacer las cosas de otra manera, que se puede generar una relación de sintonía y complicidad entre trabajadores y trabajadoras que dependen del Ayuntamiento, y por lo tanto trabajan para la ciudad, y la ciudadanía. Una mayoría social, que también podríamos definir como hegemonía política y social, tiene que estar basada en la confluencia de intereses entre la mayoría de la población y la institución que la representa, no en el sentido de la vieja política, aquella en que se pedía a la gente que votara cada equis años y luego los políticos “profesionales” se ocupaban de gestionar la institución y la política, sino en el de la participación, la transparencia de las decisiones, la colaboración entre todas las fuerzas sociales interesadas en el cambio, y por lo tanto hacer las cosas de otra manera. (…)
Conquistar una mayoría social significa tejer alianzas, sobre todo con los trabajadores y trabajadoras y sus sindicatos. Porque además de ser ciudadanos forman parte de una clase social que, particularmente en las grandes empresas, está organizada a través de los sindicatos, incluso aunque su afiliación sea limitada, y es la organización que los representa y puede lograr movilizarlos. Esta fuerza es fundamental para el cambio y para conquistar una mayoría social. (…)
Hay que debatir sobre la idea de que se puede gobernar para todos. Gobernar es elegir y decidir y cuando se ponen en práctica se toman decisiones que deben beneficiar a una parte de la ciudadanía. Una mayoría de cambio, de izquierdas no puede poner en práctica las mismas políticas que uno de derechas, por eso la idea de que se puede gobernar para todos es tan perversa, porque ha sido utilizada para imponer unas determinadas políticas favorables a los más ricos, supuestamente sobre la base del bien común. Cambiar el paradigma forma parte del cambio. Evidentemente hay que gobernar para mejorar el conjunto de la ciudad y la vida de sus ciudadanos, pero hay que priorizar a los sectores y barrios más desprotegidos o en peores condiciones, cosa que ya está haciendo el actual Ayuntamiento. Miguel Salas

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